Reelección de diputados

Por: Iván Morales Carrera (@ivancarrera)

De nuevo empieza a retomar fuerza el tema de las reformas políticas y empiezan a surgir varias ideas o propuestas sobre los temas que deben cambiarse.

Particularmente me han llamado la atención dos argumentos que he encontrado en las redes sociales sobre temas que deben reformarse y que me han parecido particularmente malos por lo “ingenuos” o engañosos:

  • Reducción del número de diputados, promovido principalmente por Roberto Alejos y sobre la cual ya argumenté mi oposición en un artículo anterior.
  • Prohibir la reelección de diputados (limitarlos a un solo período de cuatro años en el Congreso)

Quiero argumentar en contra de este segundo:

El hecho de querer limitar la reelección de un diputado nace (considero yo) de la mala calidad de diputados con la que contamos actualmente. Sin embargo, hay que comprender que el Congreso es un espacio de negociación por excelencia, y los diputados con experiencia cumplen un rol fundamental como operadores políticos para la búsqueda de consensos.

El Congreso se basa en la representatividad de intereses de la población, luego si yo como ciudadano considero que X o Z diputado es un buen defensor de mis causas, no me importa reelegirlo siempre y cuando represente mis intereses.

Entonces me parece que este aspecto, al igual que la reducción del número de diputados, son temas marginales o poco relevantes (e inclusive contraproducentes) dentro de la reforma política.

Si la queja inicial apunta a la calidad de los diputados, entonces vamos al tema de fondo de la conformación de los partidos políticos y nuestro sistema electoral que permite a estas personas llegar a ese puesto primera instancia.

El hecho de que tengamos malos diputados es una consecuencia del sistema de partidos y su financiamiento y hacia ello deben apuntar las reformas. Limitar los períodos de elecciones no va a resolver los problemas de fondo, simplemente reemplazará un mal diputado por otro, y dificultará la ya compleja tarea de lograr consensos en el Congreso.

Mi problema con este tipo de propuestas es que si bien son “bien intencionadas”, no apuntan seriamente a los temas de fondo: el financiamiento y la conformación de los partidos políticos. Luego, si reformamos los primeros aspectos, pero no tocamos los segundos, caemos en el problema de pensar que cambiamos algo, cuando realmente el problema sigue estando ahi.

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¿Necesitamos reducir el número de diputados en el Congreso?

Por: Iván Morales (@ivancarrera)

Esta es una idea que ha estado rondando en la opinión pública y los “policy makers” hace algún tiempo. El argumento pasa por considerar que el Congreso es disfuncional y la calidad de diputados lamentable, por lo que la solución es reducir la cantidad de diputados.

Fuente: guate360.com

Me llamó la atención ver a Roberto Alejos, actual presidente del Congreso, haciendo un llamado de apoyo hacia una propuesta para reducir el número de representantes de 158 a 140.

Siempre he tenido mis dudas con ese tipo de propuestas que parecen ser tan “lógicas” y razonables ante la opinión pública. Toda propuesta de ley tiene implicancias y hay que tomarse el tiempo de analizarlas en detalle.

Hace algún tiempo, Javier Fortín, hizo una excelente defensa de la composición actual del Congreso, que creo que sigue siendo vigente y recomiendo releer para enmarcar la discusión. (de verdad, léanlo!)

Según el argumento de Fortín, que a su vez se basa en el modelo desarrollado por Tageepera y Shugart, el Congreso cumple con dos funciones de comunicación, una horizontal, entre diputados y otra vertical, con el electorado. Congresos más pequeños tienden a favorecer el primer tipo de comunicación, mientras que lo contrario ocurre para Congresos más grandes.

El número actual de diputados con los que cuenta el Congreso, corresponde a lo que la teoría y los datos para otros países estiman es un tamaño de Congreso óptimo para garantizar una buena representatividad de la población.

Luego el principal problema no radica en el número de diputados per se, sino en la falta de canales de comunicación entre el electorado y sus representantes, y hacia eso deberían apuntar nuestros esfuerzos de reforma.

Por otro lado, una reducción del número de representantes lejos de favorecer la transparencia, podría incrementar la comunicación horizontal, fomentando aún más el tipo de negociaciones a puerta cerrada entre legisladores que tanto es criticada en la conformación actual del Congreso.

A mi criterio, la principal crítica a la propuesta de Alejos en particular, se reduce a dos puntos: 1) la artificialidad de la cifra, ¿porque 140 y no 130 o 135? ¿en base a qué criterio se decide fijar éste número?, y 2) el hecho de que quiera fijarse una cifra, sin tomar en cuenta el crecimiento poblacional, deslegitimando el rol representativo que debiesen cumplir los diputados.

Según lo veo, el problema del funcionamiento del Congreso responde más a otros factores de fondo, como: a) la particular afición del electorado por el voto cruzado, que tiene como resultado fragmentación partidaria en el hemiciclo, b) la común y tan dañina práctica del transfuguismo y c) la falta de canales de comunicación (y presión) entre nosotros los ciudadanos y nuestros representantes.

Cambiar el número de diputados no resuelve el problema de fondo (de hecho nos distrae del verdadero problema), e inclusive puede ser perjudicial para la representatividad de nuestra democracia.