Claudia Paz y Paz y el cambio institucional

Por: Iván Morales (@ivancarrera)

Hace tiempo que dejé de leer noticias sobre Guatemala, y debo reconocer que ha sido una de las mejores inversiones que he hecho con mi tiempo. A veces, esa labor de estar leyendo de forma cotidiana sobre todo lo que está mal en el país es una tarea contraproducente, porque nos dejamos invadir por el ruido noticioso y ello nos nubla la vista de los grandes cambios que están (lentamente) ocurriendo.

Vivir fuera del país también puede ser una gran ventaja para salirse un poco de lo coyuntural y ver el país desde una perspectiva más de mediano plazo, ver las tendencias, entender hacia dónde podrían apuntar.

Quizá uno de los mayores cambios que he reconocido (y celebrado) ha sido un renovado interés de los medios y la opinión pública por el tema de la justicia. Esa piedra angular de la institucionalidad que teníamos tan olvidada, y cuyo rescate es fundamental para la construcción de un Estado de Derecho.

En ese gran eslabón, quizá la institución que más ha destacado ha sido el Ministerio Público, que en un par de años ha dado un giro radical en su forma de operar, mostrándose a si misma mucho más proactiva y armando casos criminales de forma más inteligente: no yendo tras el pez chico, sino buscando traer abajo toda la red o estructura criminal. En esto, la coordinación con el Ministerio de Gobernación ha sido clave, y no puede dejar de destacarse la importante labor de la CICIG en transferir capacidades, especialmente en cuanto a las escuchas telefónicas, que han resultado ser una herramienta imprescindible para el MP.

Por eso duele un poco enterarse sobre el accidentado proceso de la comisión de postulación para la elección del nuevo Fiscal General, cuyo resultado preliminar fue la eliminación de Claudia Paz y Paz, actual fiscal general, de la nómina final sobre la cual debe realizar la elección el Presidente; aún cuando la escala le otorgaba a Paz y Paz el segundo mayor puntaje de todos los participantes en el proceso.  

Para mi, el gran mérito de Claudia Paz y Paz fue demostrar lo mucho que se puede lograr cuando existe voluntad política para realizar cambios en la inercia institucional vigente y muchos de sus positivos resultados quedan a la luz en esta esclarecedora entrevista a Claudia Paz y Paz en la revista ContraPoder, que también se respalda con evidencia empírica en este gran aporte de Carlos Mendoza en Plaza Pública.

Dicho ésto, reconozco que el resultado final de la construcción de instituciones debe ser el funcionamiento eficiente de ellas como un todo, no alterándose su funcionamiento según quién esté a la cabeza. Se que el trabajo que se ha logrado en el MP ha sido uno de equipos que se han empoderado de sus labores, y de verdad espero que la institución tenga la suficiente resiliencia para sobrellevar el cambio de mando sin que ello implique un retroceso.

Otro aspecto positivo de todo ésto ha sido el escrutinio de los medios sobre el proceso de comisiones de postulación, la cobertura ha sido detallada y ello nos ha permitido ver dentro de lo que antes era una caja negra. Sabemos que aún existen grandes fallos, influencia política, pero también sabemos ahora hacia donde hay que apuntar para hacer los cambios y que cualquier manipulación flagrante ya no pasará inadvertida. Eso que se llama fiscalización por parte de la sociedad civil, incipiente, pero sociedad civil al fin y al cabo. 

Por lo pronto, me encantaría decir que conozco más sobre los candidatos que finalmente lograron ser electos a la nómina final, pero no es así. Los perfiles que ha elaborado Plaza Pública han sido un gran aporte, y considero que mi (nuestra) responsabilidad ahora es informarnos más al respecto.

La información está. la voluntad de impulsar cambios también, ahora hay que ir sumando esos componentes para darles forma y hacer que las instituciones jueguen a nuestro favor.

El problema no es Zamora, el problema es la institucionalidad

Por: Iván Morales Carrera (@ivancarrera)

Mi colega Hugo Novales me comentó que una persona (seguramente haciéndose pasar por Julio Ligorría) está haciendo circular por correo electrónico una versión de mi artículo sobre la columna de Jose Rubén Zamora, bajo el provocador título de: “Chepe Zamora, el chismeperiodista”.

Casualmente, el artículo ha recibido algunos “retoques”, con el fin de convertirlo en una crítica directa a Zamora, obviando mi verdadera crítica de fondo. Pero al menos tuvieron la decencia de poner el link al blog con el artículo original.

Creo que caer en el ataque personal es una pérdida de tiempo, y como mencioné, tampoco descarto totalmente lo escrito por Zamora ni pretendo defender las acciones del binomio presidencial. Mi punto es que como toda versión personal, esta es una verdad a medias, y la lectura crítica de lo que se publica en los medios es un ejercicio sano. A veces es necesario cuestionar lo escrito, especialmente cuando se tratan de opiniones personales, y reconocer que quien escribe también tiene motivaciones para expresar ciertos puntos de vista (y omitir otros a conveniencia).

Nuevamente reitero, mi crítica de fondo es hacia la perversa práctica del chisme político. La acusación política, especialmente cuando viene del director de un medio, conlleva una responsabilidad importante.

Más de un caso he conocido en que el Peladero ha publicado por “rumor” cosas negativas sobre alguna persona, que posteriormente ha demostrado ser totalmente falso. No obstante muchas veces la tacha queda y el principio de la “presunción de inocencia hasta que se demuestre culpable” pasa a ser uno de automática presunción de culpabilidad.

Éste tipo de medidas no son exclusivas de algún medio en particular, de hecho, uno de los grandes fracasos de la CICIG fue justamente recurrir al litigio mediático (imagino que en gran parte por la frustración ante la inamovilidad del sistema judicial), pasando muchas veces por encima del nombre de personas inocentes y en la práctica saltándose la institucionalidad.

Y es que al final lo que siempre está en juego es la institucionalidad. Si no le apostamos a la construcción de instituciones, las cosas difícilmente avanzarán por el país.

Las instituciones se construyen a partir de la confianza, y la confianza surge cuando el ciudadano ve que el sistema empieza a responder. Estos cambios son muy complejos, pero el solo hecho de acudir a las instancias (léase MP) y denunciar es un excelente punto de partida para ese proceso.

El chisme político solo es una forma fácil de saltarse la tranca, llevar los reclamos (muchas veces infundados) a la opinión pública, y a la larga generar frustración, por que ese sistema no está hecho para resolver conflictos, sino únicamente para echar más leña al fuego.

Espero con esto haber agotado el tema.
Ahora sigamos con otras discusiones mucho más importantes y relevantes.

Chepe Zamora, o del círculo vicioso del chisme político

Por: Iván Morales Carrera (@ivancarrera)

Nuevamente (perdí la cuenta de cuantas veces ya),  José Rubén Zamora, presidente de el Periódico, arremetió contra el binomio presidencial en una controversial columna.

Personalmente, yo no me compro toda la historia, aunque tampoco descarto que algún grado de verdad tendrá.

Claramente Zamora tiene una agenda propia en contra de Baldetti; basta con leer media página de “el Peladero” (suplemento que como bien menciona Diego Vásquez, de una pequeña sección ha crecido a un espacio de casi dos páginas en tiempos recientes) y contar cuántas veces por párrafo se hace alusión a “Roxandra” o “la Doña”. Dudo mucho que las críticas las haga de pura buena voluntad de informar.

Razones para dudar de las intenciones hay, principalmente (como menciona un colega tuitero de misteriosa identidad) ¿por qué dar a conocer hasta ahora los intentos de “soborno” al medio? si tan pura es la intención, ¿por qué no hacerlo saber desde un inicio?

En el fondo, mi problema es con todo este asunto de ventilar supuestos actos de corrupción en forma de chisme. Bolas y rumores en Guatemala ya tenemos demasiados, de sobra, la verdadera pregunta es: ¿cómo pasar del chisme a la investigación penal? ¿cómo presionar para que se investiguen y esas acciones tengan consecuencias?

Si tan amplias son las supuestas pruebas que tiene Zamora sobre los actos de corrupción, que inclusive hasta publicó un suplemento exclusivamente dedicado a describir todas las redes de la vicepresidente, fácilmente ya habría armado un caso, interpuesto una denuncia ante el MP. Pero es muy fácil quedarse en el chisme, cómodo inclusive.

Lo mismo va para las ocasionales acusaciones de compras de votos en el Congreso por parte de diputados, que finalmente nunca terminan en denuncia, y que en la práctica son puro “tirar la piedra y esconder la mano”.

A la larga, este tipo de acusaciones sin denuncia formal son realmente contraproducentes, por que al quedarnos con un cuento parcial, nunca descubrimos cómo funciona en realidad la dinámica del poder, nos quedamos con el cuento de que “todos los políticos son una bola de corruptos” y que nunca responden ante la ley. Olvidamos que si hay políticos y ciudadanos que están haciendo cosas positivas, pero que necesitan mayor apoyo para lograr cambios reales.

Ello solo perpetúa ese circulo vicioso que genera más desencanto y ese desencanto aleja a la gente de involucrarse en la política y generar cambios y deja la puerta abierta a que los mismos de siempre sigan aprovechándose de vivir bajo un sistema político opaco.

Mientras tanto, los ciudadanos nos quedamos con la ocasional “indignación” cotidiana, nos volvemos cada vez más cínicos y en el fondo todo sigue igual.

¿Por qué está disminuyendo la violencia en Guatemala?

Por: Iván Morales (@ivancarrera)

Carlos Mendoza, en el blog de CABI, desde hace algún tiempo ya ha estado dándole un importante y sistemático seguimiento a los indicadores de violencia homicida en Guatemala (utilizando datos de la PNC y el INACIF) y ha encontrado una importante tendencia a la baja por dos años consecutivos (a pesar de que ello contraste con la percepción ciudadana), siendo el 2011 el año menos violento de los últimos siete años (con una tasa de 39 homicidios por c/ 100 mil habitantes).

Fuente: Carlos A. Mendoza, CABI (2011)

Ahora, la gran pregunta para los investigadores sociales es: ¿por qué ocurre esto?

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