Impuestos y Corrupción

Por: Iván Morales (@ivancarrera)

El tema fiscal es central para estas elecciones y me alegra saber que se la discusión al respecto se está poniendo en la mesa por parte de analistas y medios de comunicación. Los candidatos por su parte se han visto tímidos en sus planteamientos al respecto, principalmente por la sensibilidad del tema con los votantes.

Sin embargo, el punto de conflicto siempre sigue el mismo (y a este tema se le ha dado vueltas innumerables veces!), que viene primero: ¿más impuestos o mayor transparencia?
Mi argumento es que ninguno de los dos va primero, lo que se necesita es un acuerdo (o “pacto fiscal” si se quiere) para implementar ambos de forma simultánea.

Debo reconocer que me pareció muy molesto el artículo publicado por María Isabel Carrascosa en “Plaza Pública”, ya que lejos de aportar al debate de forma constructiva, solo continúa sobre la visión popular y caricaturesca de un Estado despilfarrador de recursos (con diputados dándose banquetes de lujo, etc. etc.) que si lograse controlar el gasto tendría suficientes recursos para cumplir con sus obligaciones de forma eficiente.

Está bien; que los diputados coman jamones finos con nuestros impuestos puede ser un problema, pero ese no es EL problema. ¿que proporción del presupuesto nacional representan estos gastos?.. montos insignificantes! y un llamado a la “austeridad”, como muy erróneamente esta prevaleciendo en el pensamiento  en los “policy-makers” a nivel mundial, solo agrava el problema.

Veamos, Guatemala enfrenta grandes carencias en materia de educación, salud, infraestructura y seguridad, y ello requiere de un Estado fuerte y con recursos para poder cumplir con la dotación de estos bienes públicos (y ojo que reconozco que varios de éstos podrían bienes podrían proveerse de forma privada, pero es parte de la discusión a la que hay que entrarle!); luego la solución no pasa por recortar gasto público como la Srita. Carrascosa propone.

Para hablar seriamente sobre el problema de corrupción, debemos empezar por dimensionarlo e identificar sus principales focos de concentración, sin caer en caricaturas burdas como la que se expone en el artículo mencionado. Es difícil reconocer su verdadero tamaño, sin embargo puede decirse que su reducción significativa (especialmente en temas triviales de gasto corriente) aún dejaría a un Estado, que de por si ya es sumamente débil, con grandes necesidades de financiamiento, especialmente con una población que crece a tasas relativamente altas y demanda más de los servicios que este provee.

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