¿Conoce ud. a sus representantes en el Congreso?

Por: Iván Morales (@ivancarrera)

Es una pregunta que me hago a menudo, especialmente cuando salen notas sobre transfuguismo en el períodico, y reconozco que no tenía idea que ese diputado pertenecía a X o Y partido, que representaba a tal departamento, o si quiera sabía que existía.

Toda la idea del sistema de elección de diputados, de la existencia de un Congreso, se fundamenta en la representatividad. Ya que no podemos todos a la vez participar en política, delegamos nuestro poder en representantes que legislan por nosotros.

En otras democracias es normal que las personas conozcan al diputado que representa a su distrito, y que inclusive le escriban cartas solicitando que apoye cierta legislación de interés. A los diputados entonces les gusta darse a conocer, salen a los medios a contar sobre todo lo que están haciendo por su distrito, para que la gente se sienta representada, para que los voten cuando opten por la reelección.

Pero nuestro sistema de elección de diputados está todo mal.  El sistema por listados tiene todos los incentivos mal alineados. El diputado/a, en lugar de buscar visibilizarse, generar propuestas, fomentar la discusión política en los medios busca esconderse, mantener un perfil bajo mientras utiliza su puesto para recaudar los fondos que le permitan financiar su próxima campaña.

Les da lo mismo si la gente los conoce, lo que importa es poder optar a una casilla en el listado de los partidos que tengan mejor oportunidad en la próxima elección. Si al final la gente ni puede castigarlos con su voto, cambiarse de partido es de lo más natural.

Y por favor no me digan que empiece a hablar sobre esa aberración del “listado nacional”, que realmente no representa a nadie y es la expresión máxima de venta de curules que tiene nuestro sistema.

Yo ya declaré mi ignorancia en este asunto, pero a continuación le comparto el listado de diputados y diputadas de la séptima legislatura (2012-2016).

Le propongo un juego: cuente cuantos diputados del listado conoce, o al menos recuerda haber escuchado su nombre. De ellos, trate de adivinar cuáles pertenecen al distrito en el que ud. vive y por ende son sus representantes directos al Congreso.

Si reconoce ud. a mas de 15 o 20, se ha ganado completamente mi respeto como versado político.

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Reelección de diputados

Por: Iván Morales Carrera (@ivancarrera)

De nuevo empieza a retomar fuerza el tema de las reformas políticas y empiezan a surgir varias ideas o propuestas sobre los temas que deben cambiarse.

Particularmente me han llamado la atención dos argumentos que he encontrado en las redes sociales sobre temas que deben reformarse y que me han parecido particularmente malos por lo “ingenuos” o engañosos:

  • Reducción del número de diputados, promovido principalmente por Roberto Alejos y sobre la cual ya argumenté mi oposición en un artículo anterior.
  • Prohibir la reelección de diputados (limitarlos a un solo período de cuatro años en el Congreso)

Quiero argumentar en contra de este segundo:

El hecho de querer limitar la reelección de un diputado nace (considero yo) de la mala calidad de diputados con la que contamos actualmente. Sin embargo, hay que comprender que el Congreso es un espacio de negociación por excelencia, y los diputados con experiencia cumplen un rol fundamental como operadores políticos para la búsqueda de consensos.

El Congreso se basa en la representatividad de intereses de la población, luego si yo como ciudadano considero que X o Z diputado es un buen defensor de mis causas, no me importa reelegirlo siempre y cuando represente mis intereses.

Entonces me parece que este aspecto, al igual que la reducción del número de diputados, son temas marginales o poco relevantes (e inclusive contraproducentes) dentro de la reforma política.

Si la queja inicial apunta a la calidad de los diputados, entonces vamos al tema de fondo de la conformación de los partidos políticos y nuestro sistema electoral que permite a estas personas llegar a ese puesto primera instancia.

El hecho de que tengamos malos diputados es una consecuencia del sistema de partidos y su financiamiento y hacia ello deben apuntar las reformas. Limitar los períodos de elecciones no va a resolver los problemas de fondo, simplemente reemplazará un mal diputado por otro, y dificultará la ya compleja tarea de lograr consensos en el Congreso.

Mi problema con este tipo de propuestas es que si bien son “bien intencionadas”, no apuntan seriamente a los temas de fondo: el financiamiento y la conformación de los partidos políticos. Luego, si reformamos los primeros aspectos, pero no tocamos los segundos, caemos en el problema de pensar que cambiamos algo, cuando realmente el problema sigue estando ahi.

¿Necesitamos reducir el número de diputados en el Congreso?

Por: Iván Morales (@ivancarrera)

Esta es una idea que ha estado rondando en la opinión pública y los “policy makers” hace algún tiempo. El argumento pasa por considerar que el Congreso es disfuncional y la calidad de diputados lamentable, por lo que la solución es reducir la cantidad de diputados.

Fuente: guate360.com

Me llamó la atención ver a Roberto Alejos, actual presidente del Congreso, haciendo un llamado de apoyo hacia una propuesta para reducir el número de representantes de 158 a 140.

Siempre he tenido mis dudas con ese tipo de propuestas que parecen ser tan “lógicas” y razonables ante la opinión pública. Toda propuesta de ley tiene implicancias y hay que tomarse el tiempo de analizarlas en detalle.

Hace algún tiempo, Javier Fortín, hizo una excelente defensa de la composición actual del Congreso, que creo que sigue siendo vigente y recomiendo releer para enmarcar la discusión. (de verdad, léanlo!)

Según el argumento de Fortín, que a su vez se basa en el modelo desarrollado por Tageepera y Shugart, el Congreso cumple con dos funciones de comunicación, una horizontal, entre diputados y otra vertical, con el electorado. Congresos más pequeños tienden a favorecer el primer tipo de comunicación, mientras que lo contrario ocurre para Congresos más grandes.

El número actual de diputados con los que cuenta el Congreso, corresponde a lo que la teoría y los datos para otros países estiman es un tamaño de Congreso óptimo para garantizar una buena representatividad de la población.

Luego el principal problema no radica en el número de diputados per se, sino en la falta de canales de comunicación entre el electorado y sus representantes, y hacia eso deberían apuntar nuestros esfuerzos de reforma.

Por otro lado, una reducción del número de representantes lejos de favorecer la transparencia, podría incrementar la comunicación horizontal, fomentando aún más el tipo de negociaciones a puerta cerrada entre legisladores que tanto es criticada en la conformación actual del Congreso.

A mi criterio, la principal crítica a la propuesta de Alejos en particular, se reduce a dos puntos: 1) la artificialidad de la cifra, ¿porque 140 y no 130 o 135? ¿en base a qué criterio se decide fijar éste número?, y 2) el hecho de que quiera fijarse una cifra, sin tomar en cuenta el crecimiento poblacional, deslegitimando el rol representativo que debiesen cumplir los diputados.

Según lo veo, el problema del funcionamiento del Congreso responde más a otros factores de fondo, como: a) la particular afición del electorado por el voto cruzado, que tiene como resultado fragmentación partidaria en el hemiciclo, b) la común y tan dañina práctica del transfuguismo y c) la falta de canales de comunicación (y presión) entre nosotros los ciudadanos y nuestros representantes.

Cambiar el número de diputados no resuelve el problema de fondo (de hecho nos distrae del verdadero problema), e inclusive puede ser perjudicial para la representatividad de nuestra democracia.

La nueva legislatura y los retos que se perfilan

Por: Alejandra Méndez (@alemendezg)

Si bien la tradición parlamentaria se remonta a la época de los patricios romanos y aun más interesante a la existencia de un consejo probuléutico en la antigua Esparta (ojo no Atenas) es la Carta Magna de 1215 de Juan Sin Tierra, la que marca el inicio del poder de la institución parlamentaria en la historia política. Dicha carta manifestaba que no se podrían establecer nuevos subsidios a la Corona sin el consentimiento del mágnum Concilium. A través de los siglos la necesidad de un contrapeso para el poder monárquico de los reyes y emperadores se fue haciendo más notoria y evolucionando respecto a la maduración de las ideologías y las necesidades políticas de las sociedades, en especial la británica. Sin embargo los principios básicos de contrapeso y representatividad se han mantenido a lo largo de lo siglos, convirtiéndose en un pilar importante en el funcionamiento de las repúblicas modernas.

Hago esta reflexión pues a pesar que nuestro sistema político apuntala ser presidencialista, considero que lo es en el sentido mediático y de apariencia, pero en la práctica es diferente. Explico porqué: el resultado de la Constitución de 1985 y por ende la “democracia” que tenemos le ha conferido al Congreso, al Poder Legislativo, una cuota de poder muchísimo más determinante en la práctica, que la voluntad del mismo presidente y su equipo de ministros. A pesar de ello, los medios de comunicación, los analistas, las mismas encuestas y los ciudadanos de a pie, tienden a darle más importancia a los resultados presidenciales de las contiendas electorales en lugar de profundizar sobre la conformación de la nueva legislatura. Lo anterior no me sorprende debido a nuestra arraigada tradición caudillista y mesiánica y nuestra pobre apuesta por la institucionalización de las agrupaciones políticas. A esto se debe sumar el “desencanto” por el deplorable y vergonzoso trabajo de los legisladores, el enquistamiento de personajes nefastos, el transfuguismo, las componendas y los “onerosos negocios” de los cuales son protagonistas muchos de los representantes de la patria y el sistema de elección por listado que no permite elegir a los más idóneos, sino a listas de nombres interminables sin rostro y sin el más mínimo mecanismo de depuración.

La conformación del Congreso para el próximo período es adverso para cualquiera de los dos contendientes en la segunda vuelta, situación similar a la sucedida durante el gobierno de Serrano Elías. En cualquiera de los escenarios implica un costo aun más alto en las negociaciones que pueda tener el Ejecutivo con los legisladores. Y aun cuando existe una “lógica de alianzas” legislativas o electorales y están permitidas en la Ley Electoral y de Partidos Políticos, el asunto en cuestión no es si es un fenómeno anti natura o no, sino el trasfondo y peor aun las implicaciones que conllevan estas “alianzas” que más que naturales y lógicas algunas son escabrosas. Estas dos semanas se han caracterizado por las reuniones de naranjas y rojos en pleno flirteo con los “perdedores” en búsqueda de apoyo de cara al 6 de noviembre. Estas alianzas son de tipo pragmáticas, en respuesta a la coyuntura y a la necesidad de aparentar un liderazgo nacional que apuntale las candidaturas y en el caso de “los que apoyan” de poder negociar uno que otro puesto o favor a futuro, claro está todo en pro del fortalecimiento de los partidos y la búsqueda de consensos” el típico discurso de la political correctness. No hay que olvidarse que una característica primordial de las alianzas electorales es su temporalidad: fugaz y breve.

El Partido Patriota con su bancada de 57 diputados, estará liderada por Valentín Gramajo, Gudy Rivera fieles a Otto y a Baldetti, Oliverio García y los ex eferregistas, caciques de Quiché y Escuintla respectivamente: Haroldo Quej y Arístides Crespo. La alianza UNE-GANA que inicia con 47 diputados, posiblemente dure muy poco pues las escisiones tras el fracaso de la inscripción de Sandra Torres han repercutido en las grietas a lo interno de los partidos especialmente entre el grupo de los “peludos” sandristas y el grupo de los Alejos. Recordemos que la alianza fue una decisión de entre los dueños de ambos partidos y para muchos alcaldes y correligionarios, en especial de la GANA, el costo de tener a una Sandra exigiendo gente en sus mítines y en las cortes fue demasiado alto. Tal y como lo han afirmado algunos analistas, la coalición no tendrá frutos por mucho tiempo y la GANA se convertiría con un aproximado de 17 diputados en la bisagra más importante.

LIDER al ser tercera fuerza en escaños y estar en segunda vuelta, necesitaba urgentemente establecer alianzas con otras bancadas, lo cual se materializó la semana pasada con la alianza anunciada ante los medios conformada por : UCN (liderada por Luis Rabbé, PAN, UNE-GANA. Hasta el momento el PP solo ha oficializado alianza con VIVA para la segunda vuelta, alianza sin muchas implicaciones en la práctica dado el poco peso político de VIVA y el hecho que Nineth Montenegro de Encuentro por Guatemala afirmó que dicha alianza no involucraba ni a su partido ni a sus diputados. Por lo tanto, la posibilidad de la conformación de una “trinca infernal” para el Partido Patriota, en caso de ganar las elecciones, no parecen tan lejos de la realidad.

Las miradas entonces se centrarán en la postura que jugarán los 12 diputados de CREO, donde la decisión para la segunda vuelta descansará en el Comité Ejecutivo aunque no necesariamente de sus bases y simpatizantes.

La actual legislatura quedó marcada por el desfalco millonario de MDF, las interminables interpelaciones y la carencia de consensos para la aprobación de temas como préstamos y aprobación del presupuesto. La legislatura 2012-2016 tiene el reto de rescatar un poco de la credibilidad perdida, dicha responsabilidad recaerá en los nuevos rostros recién electos, para darle honor a la necesidad de representantes diferentes y responsables. Sin embargo la elección por lista ha dejado que viejos nombres hayan sido reelectos, aun con camiseta diferente y viejas caras de la política encuentren en el en Congreso un nuevo espacio para su accionar político. No cabe duda que tanto para Líder como para el Partido Patriota, el costo de poder impulsar su agenda de gobierno será alto, no debemos olvidar que las “alianzas” legislativas implican costos políticos importantes. No me cabe la menor duda que la UCN, por ejemplo, condicionará su apoyo a cambio de algún favor para el ex presidente Alfonso Portillo y que la UNE sandrista está previendo los procesos legales de la ex pareja presidencial. La habilidad entonce de establecer consensos positivos con fines de país y no partidarios no es prioridad para la nueva legislatura.

Nuestro rol como ciudadanos es estar en constante vigilancia de los avances de temas de la agenda trascendentales para el desarrollo del país. Identifico tres aspectos generales: el tema de seguridad y justicia, el tema tributario y el de reformas a la ley. Esto implica abordar temas que han quedado en el tintero de la actual legislatura como la Ley Antievasión, Ley contra el Enriquecimiento Ilícito. Por otro lado, las reformas a la Ley Electoral y de Partidos Políticos particularmente a la elección uninominal para el Congreso, sanciones coherentes por violación a la ley, reducción del número de diputados; la Ley de Servicio Social: muy importante el mecanismo para despolitizar a las comisiones de postulación; y por último las reformas y modificaciones para la Ley de Contrataciones del Estado por mencionar en el tema fiscal y la transparencia en el uso manejo del presupuesto y los fideicomisos.

Concluyo, el Congreso será el ente decisivo para los avances o retrocesos de los próximo cuatro años, ya sea para impulsar la agenda de gobierno o para hacer contrapeso positivo o negativo ante el ejecutivo electo el 6 de noviembre. No debemos olvidar su función representativa y que al igual que el presidente los diputados son funcionarios públicos y tienen la responsabilidad de rendirnos cuentas.

Prioridades del gobierno entrante

Por: Iván Morales (@ivancarrera)

Como sabemos, en Guatemala existen muchos retos por superar en diversos temas, que van desde la seguridad, pasando por el crecimiento económico, hasta llegar al desarrollo rural. Todo ello es sumamente importante, sin embargo dado que el gobierno cuenta con tiempo y recursos limitados, es necesario priorizar y sobre todo cuando se inicia un gobierno, esta priorización toma aún mayor relevancia.

Es hora de que dejemos de pensar menos en la dinámica de las alianzas de corto plazo y la segunda vuelta, y empecemos a pensar más en las prioridades del próximo gobierno (y sobre todo la próxima legislatura).

El inicio de un período de gobierno, es el momento con el que el partido de turno cuenta con un mayor capital político y por ende debe aprovecharlo al máximo para impulsar los temas de mayor importancia en su agenda. El capital político sufre un desgaste natural conforme se avanza en el período de gobierno y por lo tanto, las reformas grandes (que son las más complejas de impulsar) deben ser priorizadas.

A mi criterio, existen dos ejes centrales que deben tocarse de entrada, e inclusive debiesen estarse negociando desde éstos instantes:

1) Reforma al sistema de seguridad y justicia

Esta reforma es urgente, y muy probablemente requerirá de cambios constitucionales, lo cual hace aún más compleja su discusión.

El organismo Judicial DEBE fortalecerse, mediante la formación de jueces de carrera (y no designados a dedo), presupuestariamente, y sobre todo otorgándosele mayor independencia de la que cuenta actualmente.

Existe actualmente una buena propuesta que se ha consensuado con algunos legisladores y cuenta con el soporte académico y técnico; este es un excelente punto de partida para las negociaciones.

2) Reforma tributaria

Es necesario que la siguiente administración ponga en orden las finanzas públicas, el patrón actual de endeudamiento en el que nos encontramos es insostenible (los números no dan) y limita de una manera muy grande la capacidad de acción del Estado.

La reforma tributaria que se debe consensuar pasa por continuar la modernización de nuestro código tributario (que debe reconocerse se ha avanzado mucho), haciéndolo menos distorsionador de las decisiones de producción y consumo (ello implica, menos exenciones), mejorar los controles de la recaudación, mejorar la transparencia de la gestión pública (reducir corrupción) y porque no, inclusive podríamos discutir el establecimiento de una Regla Fiscal (este sería un avance excelente!).

Por otro lado, debemos reconocer que se requerirá incrementar la carga tributaria, y esto también es impostergable, ya que actualmente la carga es demasiado baja para las grandes necesidades de financiamiento con las que cuenta el Estado.

Resumiendo..

En general, estas reformas que a mi criterio son las prioritarias apuntan a la conformación de un Estado moderno, capaz de brindar sus servicios a la población de forma eficiente (y que la población sienta que éstos servicios se le están brindado).

Las dos reformas planteadas no son para nada fáciles de impulsar, pero de lograrse, otorgarían muchas de las herramientas necesarias para que este proceso de modernización Estatal pueda iniciar y que el próximo gobierno mejore su capacidad operativa.

Difícil tarea por delante, pero es una que debemos exigir a nuestros representantes.