¿Reencanto con la democracia?

Por: Iván Morales Carrera (@ivancarrera)

Revisando alguna información para un paper sobre el que estoy trabajando, me encontré con unos datos que me llamaron la atención, por lo contraintuitivo de lo que mostraban.

Mientras los medios nos bombardean, con bastante razón por lo demás, con la idea de que el desencanto con los partidos políticos ha llegado a sus máximos niveles, y que el actual sistema es insostenible. Los datos de participación electoral apuntan a una conclusión totalmente distinta:

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En la gráfica se muestran las tasas de participación electoral, para todos los procesos electorales desde la transición democrática del 85. La línea azul muestra la participación electoral con respecto al total de empadronados y la roja muestra esa misma relación, pero con respecto a la población en edad de votar.

La participación parece seguir una especie de forma de “U”, luego de relativamente altas tasas de participación en las elecciones del 85, llegó a su mínimo en el año 95, para nuevamente iniciar un repunte que llevó a nuevas máximas de participación durante las elecciones pasadas (2011).

Seguramente detrás de ésta tendencia existen varias razones, entre ellas la exitosa descentralización de las mesas de votación por parte del TSE, que ha eliminado algunas barreras geográficas que los habitantes de comunidades rurales (quienes votan en mayor propoción) anteriormente enfrentaban.

No obstante, si el desencanto con la democracia y los partidos fuese tal, lo que debiésemos ver es una tendencia a la baja en la participación, como efectivamente ocurrió en el 93 y años posteriores al “serranazo”.

Quizá el desencanto sea una percepción exclusiva de los capitalinos, quienes tienden a extrapolar lo que allí ocurre hacia el resto del país.

No tengo aún claro hacia adonde apuntan éstos datos, pero estoy seguro que esa inexplorada brecha urbano/rural o capitalino/interior es una avenida por la cual podríamos encontrar respuestas.

 

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Repensando el padrón electoral

Por: Iván Morales (@ivancarrera)

Hace algunos días terminé de leer el libro “Nudge” de los profesores Richard Thaler y Cass Sunstein, en el cual exponen de manera simple algunos de los principales resultados del research en el creciente campo del “behavioral economics”.

Uno de los principales hallazgos sobre el comportamiento de los humanos es que nuestras decisiones están fuertemente afectadas por la inercia, luego a pesar de que hay muchas cosas que decimos querer cambiar (por ejemplo el propósito que realizamos cada año nuevo de hacer más ejercicio el próximo año), cuesta mucho que realmente tomemos las acciones necesarias para realizar el cambio, especialmente si ese cambio está restringido por barreras (que pueden ser monetarias o no monetarias).

Los autores encuentran que muchas veces nuestras acciones se encuentran influenciadas en gran parte por lo que ellos denominan la “arquitectura de decisiones”, la cual determina la forma en que las decisiones que podemos tomar se nos presentan y puede tener a su vez un gran impacto en las decisiones que en última instancia realizamos.

En ese sentido, muchas veces las reglas “default” o predeterminadas, pueden tener un gran efecto sobre nuestras decisiones y constituyen una importante herramienta de política públicas para darnos un empujón hacia mejores decisiones sin restringir nuestra libertad de elección (lo que ellos llaman “paternalismo libertario”).

Pensando en ello vino a mi mente el sistema de padrón electoral en Guatemala y como éste se encuentra diseñado actualmente.

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Comentarios sobre el discurso de investidura

Por: Iván Morales (@ivancarrera)

Por si no lo vieron, pueden encontrar la transcripción del discurso aquí o el video aquí.

Gracias a la transcripción del discurso realizada por Plaza Pública, realicé un “word cloud” del primer discurso presidencial de Otto Perez Molina, donde se destacan las principales palabras utilizadas (y de lo cual pueden deducirse los temas relevantes para su gestión gubernamental).

Ahora, quisiera realizar algunos breves comentarios de mis impresiones:

1. Las principales palabras o temáticas utilizadas: desarrollo, cambio, seguridad, compromiso. Lo cual no debiese sorprender demasiado, ya que todo gobierno recién electo promete ser el “verdadero cambio” del país; sin embargo si es importante la centralidad del concepto de seguridad para este gobierno, ya que gran parte de las promesas de campaña pasan por la reducción de la criminalidad y la violencia, del cual el Partido Patriota se posicionó como experto y el más capaz para resolver, y bajo el cual será juzgado por la ciudadanía según sus logros o fracasos.

2. Creo que por momentos el discurso fue con un tono demasiado de “campaña” y no presidencial como realmente debiese ser.

3. El foro del discurso no era el lugar ni el momento para realizar críticas al gobierno anterior. Gran parte de la audiencia eran integrantes de la comunidad internacional y creo que el discurso hubiese sido mejor aprovechado para dar un mensaje al resto de países sobre los retos y metas del país y la forma en que se piensan superar, y no para ventilar amargas disputas partidarias.

4. Finalmente, yo esperaba del discurso un mensaje sobre una agenda a futuro de país, en la cual el presidente planteara su visión sobre el lugar al que queremos llegar como país tanto en el mediano como en el largo plazo. Quizá el fracaso en lograr esto se refleja en la importancia que tuvo la palabra “hoy” dentro del discurso, en detrimento de planteamientos sobre el mañana.

En fin, raramente un discurso dice mucho sobre las verdaderas intenciones de un gobernante, pero creo que el discurso de investidura es importante en el sentido de plantear una visión de país, la cual en este caso a mi criterio no se logró.

Hoy empieza la séptima gestión gubernamental desde nuestra transición democrática y con ella grandes retos por delante. Existen muy altas expectativas sobre lo que pueda lograr este gobierno y ello es un arma de doble filo: por un lado significa un importante capital político para impulsar reformas necesarias, por otro la capacidad de defraudar a grandes sectores de la población es alta y ello podría inclusive llegar a ser dañino para nuestra tan frágil democracia.

Oferta electoral: lo que la gente pide

Por: Iván Morales (@ivancarrera)

Hoy se publicó la encuesta Siglo XXI-Vox Latina, a tan solo 5 días de las elecciones. Lejos de concentrarme en los resultados de los candidatos, que solo confirman la tendencia que ya se conocía, me gustaría enfocarme en otro tema más de fondo.

La tónica general a lo largo de este proceso eleccionario, ha sido el pesimismo, el desencanto con la política, las constantes quejas sobre la falta de seriedad de las propuestas de los candidatos (y falta de propuestas en general), la saturación de publicidad electoral, etc. etc.

Sin embargo, según los resultados de la encuesta poco mas del 78% de los encuestados está escogiendo su voto sin conocer verdaderamente las propuestas del candidato, quien compone y que representa el partido político al cual ese candidato pertenece, cual es su plan de gobierno y quienes son sus principales asesores y diputados que apoyaran el impulso de ese plan (si es que existe!).

Entonces, si al final esas son nuestras preferencias, no debe extrañarnos que la campaña termine siendo una constante “guerra sin tregua entre candidatos”, caracterizado por discursos que apelan a la religiosidad (retratado excelentemente por Carlos Mendoza) y a demagogia populista por excelencia (lease Bono 15, entre otras), en vez de apuntarle a propuestas serias y concretas.

Otra constante queja ha sido la saturación de propaganda política que ha tapizado gran parte de la ciudad capital y el país, pero nuevamente ello solo es reflejo de la forma en que escogemos nuestros candidatos. Por ejemplo Alejandro Sinibaldi, a pesar de ser su primera vez como candidato a la alcaldía, ha logrado a base de una campaña publicitaria millonaria, posicionarse en el segundo lugar de las encuestas. Luego, si tapizar la ciudad con pancartas es molesto, los partidos lo hacen porque es rentable en términos de votos.

En conclusión, la actual oferta electoral responde a una demanda, si esa demanda no es exigente, no se toma el tiempo de conocer las propuestas, de exigir un debate serio y de altura, con promesas serias y factibles, la mala calidad seguirá prevaleciendo.

Quizá lo más rescatable de la encuesta es que el grupo de jóvenes es el que parece tener mayor interés en la política, y ese involucramiento es clave para generar los cambios tan necesarios en nuestro sistema político.

Se que a veces aburre, pero tomemonos el tiempo de ver más alla del “no te preocupes mi vida”, de las cancioncitas, de los anuncios y ver el verdadero trasfondo.. la democracia y las instituciones políticas se lo agradecerán.

Cien días para Guatemala

Por: Alejandra Méndez

Nos encontramos a poco menos 100 días para el 11 de septiembre, fecha en que los guatemaltecos elegiremos a las autoridades que nos gobernarán por los próximos cuatro años. Vale la pena evaluar, algunas cifras de lo que ha sucedido a partir de 1984 hasta ahora y empezar a esbozar lo que en los próximos cien días leeremos, escucharemos y sobre todo, aspectos sobre los cuales debemos reflexionar antes de ir a votar. Desde el año ochenta y cuatro hemos tenido en teoría seis gobiernos civiles, de distinto signo político, con 67 partidos, de los cuáles solo once tienen representación actual en el congreso. Casi el 70% de los partidos políticos tiene un promedio de 7 años de edad y más de dieciocho de ellos solo han tenido una sola vez representación parlamentaria. Todos estos datos publicados pos Asies en 2010. Estas simples cifras dan una pequeña muestra del poco fortalecimiento institucional de los partidos y reafirma la tradición caudillista en nuestro sistema político. Hasta el momento nada nuevo. Quizás porque la fórmula política sigue siendo la misma a pesar del tiempo y las aparentes lecciones históricas que parecemos no aprender.

La campaña electoral inicio hace más de un año y desde ese momento se pronosticó un año electoral bastante violento y con un bombardeo mediático sin precedentes hacia electorado. Vale la pena poner entonces sobre la mesa las cartas de las variables que sin duda alguna, marcaran esta elección. Primero, es el paradigma de la alternacia. Nuestra historia política reciente post- regímenes militarles, iniciando con el gobierno de Vinicio Cerezo, ningún partido oficial ha obtenido la reelección, por el contrario, en Guatemala ha funcionado la regla de ‘la tercera es la vencida’ y peor aun la tradición del voto en contra o el voto de castigo.

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