Reforma Electoral: Iniciativa de Ley 4783

Por: Iván Morales (@ivancarrera)

Ayer por la mañana escribí una columna en la revista Contrapoder, bastante optimista, dando a conocer a grandes rasgos lo que se había consensuado para la reforma electoral (lo cuál resumí en seis principales áreas) e instando a los medios y sociedad civil a aprovechar la ventana de oportunidad que se está abriendo para impulsar su aprobación.

Siguiendo con el optimismo, la iniciativa de ley finalmente logró entrar ayer al pleno, y logró ser aprobada en primera lectura (quedan dos lecturas pendientes). Sin embargo, la mayoría de observadores estábamos un poco a oscuras en el contenido de lo que finalmente se había incluído en la iniciativa de ley.

Finalmente, logré obtener una copia de la iniciativa de ley no. 4783, de reforma a la Ley Electoral y de Partidos Políticos, la cual les comparto a continuación:

Iniciativa de ley 4783

No he tenido tiempo de revisarla, pero al menos se que las cuotas de participación para mujeres inicialmente acordadas en un 50% fueron reducidas a un 30%. No es el ideal, pero creo que es mejor eso a una situación en la que las cuotas queden fuera del paquete. En una ojeada rápida al documento también noté que el tema de financiamiento quedó tal cual acordado, lo cual es muy positivo.

Conforme logre leer el documento espero ir subiendo más análisis al blog, por lo pronto, les invito a leer y compartir la iniciativa. Como mencioné en mi columna, esta es una reforma que podría tener un impacto positivo, y la presión de la ciudadanía es clave para lograr su aprobación. El primer paso es conocer lo que se discute, para luego exigir su aprobación.

Feliz lectura.

Más sobre el presupuesto y los préstamos

Por: Iván Morales (@ivancarrera)

En un par de columnas que escribí para el blog de política en la revista Contrapoder (aquí y aquí), estuve analizando los problemas de liquidez que crecientemente enfrenta el gobierno, en gran parte por la irresponsabilidad de la oposición en el Congreso de negarle al Ejecutivo las fuentes de financiamiento para el presupuesto vigente.

Es un tema difícil de tratar, por que en Guatemala parece que decir “deuda pública” es una mala palabra, y cuando de discutir política fiscal se trata, todo tipo de comentarios populistas afloran. Así que lo repito de nuevo: si nuestro objetivo real es garantizar la solidez de las finanzas estatales, negar los préstamos es una acción dañina y contraria a ese fin.

Como mencioné antes, las obligaciones de pago ya fueron contratadas para el presupuesto vigente, luego venir a negar su pago es arriesgar la situación financiera, ya que se le obliga al Estado a incurrir artificialmente en morosidad; no solo dañando con ello su historial crediticio, sino obligándolo a buscar fuentes de financiamiento más caras y arriesgadas, así como a realizar recortes bruscos a sus operaciones.

Si realmente nos interesa reducir el nivel de endeudamiento, luchemos por que ello se refleje en un menor gasto para el presupuesto del próximo año, y no ahogando financieramente al gobierno en la ejecución de su presupuesto actual.

Para mi, el gran problema de fondo, sigue siendo la separación legal entre el presupuesto, y la autoridad para endeudarse. El uso iresponsable de las finanzas públicas como herramienta de negociación política no sería viable si esta separación no existiese.

El marco legal vigente facilita este tipo de situaciones, que terminan exponiendo la posición del gobierno. Si la aprobación del presupuesto para el próximo año, llevase amarrada la aprobación directa de las fuentes de financiamiento establecidas desde un inicio en el detalle del proyecto de presupuesto, los incentivos actuales a la “extorsión financiera” desaparecerían.

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¿Reencanto con la democracia?

Por: Iván Morales Carrera (@ivancarrera)

Revisando alguna información para un paper sobre el que estoy trabajando, me encontré con unos datos que me llamaron la atención, por lo contraintuitivo de lo que mostraban.

Mientras los medios nos bombardean, con bastante razón por lo demás, con la idea de que el desencanto con los partidos políticos ha llegado a sus máximos niveles, y que el actual sistema es insostenible. Los datos de participación electoral apuntan a una conclusión totalmente distinta:

Image

 

En la gráfica se muestran las tasas de participación electoral, para todos los procesos electorales desde la transición democrática del 85. La línea azul muestra la participación electoral con respecto al total de empadronados y la roja muestra esa misma relación, pero con respecto a la población en edad de votar.

La participación parece seguir una especie de forma de “U”, luego de relativamente altas tasas de participación en las elecciones del 85, llegó a su mínimo en el año 95, para nuevamente iniciar un repunte que llevó a nuevas máximas de participación durante las elecciones pasadas (2011).

Seguramente detrás de ésta tendencia existen varias razones, entre ellas la exitosa descentralización de las mesas de votación por parte del TSE, que ha eliminado algunas barreras geográficas que los habitantes de comunidades rurales (quienes votan en mayor propoción) anteriormente enfrentaban.

No obstante, si el desencanto con la democracia y los partidos fuese tal, lo que debiésemos ver es una tendencia a la baja en la participación, como efectivamente ocurrió en el 93 y años posteriores al “serranazo”.

Quizá el desencanto sea una percepción exclusiva de los capitalinos, quienes tienden a extrapolar lo que allí ocurre hacia el resto del país.

No tengo aún claro hacia adonde apuntan éstos datos, pero estoy seguro que esa inexplorada brecha urbano/rural o capitalino/interior es una avenida por la cual podríamos encontrar respuestas.

 

¿Conoce ud. a sus representantes en el Congreso?

Por: Iván Morales (@ivancarrera)

Es una pregunta que me hago a menudo, especialmente cuando salen notas sobre transfuguismo en el períodico, y reconozco que no tenía idea que ese diputado pertenecía a X o Y partido, que representaba a tal departamento, o si quiera sabía que existía.

Toda la idea del sistema de elección de diputados, de la existencia de un Congreso, se fundamenta en la representatividad. Ya que no podemos todos a la vez participar en política, delegamos nuestro poder en representantes que legislan por nosotros.

En otras democracias es normal que las personas conozcan al diputado que representa a su distrito, y que inclusive le escriban cartas solicitando que apoye cierta legislación de interés. A los diputados entonces les gusta darse a conocer, salen a los medios a contar sobre todo lo que están haciendo por su distrito, para que la gente se sienta representada, para que los voten cuando opten por la reelección.

Pero nuestro sistema de elección de diputados está todo mal.  El sistema por listados tiene todos los incentivos mal alineados. El diputado/a, en lugar de buscar visibilizarse, generar propuestas, fomentar la discusión política en los medios busca esconderse, mantener un perfil bajo mientras utiliza su puesto para recaudar los fondos que le permitan financiar su próxima campaña.

Les da lo mismo si la gente los conoce, lo que importa es poder optar a una casilla en el listado de los partidos que tengan mejor oportunidad en la próxima elección. Si al final la gente ni puede castigarlos con su voto, cambiarse de partido es de lo más natural.

Y por favor no me digan que empiece a hablar sobre esa aberración del “listado nacional”, que realmente no representa a nadie y es la expresión máxima de venta de curules que tiene nuestro sistema.

Yo ya declaré mi ignorancia en este asunto, pero a continuación le comparto el listado de diputados y diputadas de la séptima legislatura (2012-2016).

Le propongo un juego: cuente cuantos diputados del listado conoce, o al menos recuerda haber escuchado su nombre. De ellos, trate de adivinar cuáles pertenecen al distrito en el que ud. vive y por ende son sus representantes directos al Congreso.

Si reconoce ud. a mas de 15 o 20, se ha ganado completamente mi respeto como versado político.

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