Fútbol y política: esperando el milagro

Por: Iván Morales (@ivancarrera)

Hoy por la tarde, una derrota contra Panamá por 3 a 1 terminó de coronar el paso lamentable de la selección de Guatemala por la Copa UNCAF.

Existen muchas lecciones particulares sobre el porqué de éste fracaso, pero más que discutir sobre fútbol, quiero hacer una analogía entre lo que sucede con la selección y lo que ocurre con nuestra política.

Cada cierto tiempo, cuando inician las clasificatorias para el mundial, se aviva el ánimo de los aficionados guatemaltecos, esta vez si esperando el “milagro”, lograr la clasificación.

Lastimosamente el fútbol no es cosa de suerte, es un proceso que toma tiempo, planificación, dedicación; que empieza por formar a los jugadores desde la “cantera”, darles espacios y apoyo para ir ganando experiencia, confiar y fomentar el relevo generacional, invertir recursos de forma estratégica, en fin un proyecto de largo plazo.

En lugar de ello, hemos tenido improvisación, liderazgos mediocres y cuestionables (si no corruptos) por parte de la federación de fútbol y el comité olímpico, entre otros actores del medio. Esas no son condiciones para crear un equipo de fútbol exitoso, esas son condiciones para el fracaso.

Y aún así, los aficionados siguen esperando el milagro, año tras año.

Ese es el equivalente a la definición que Einstein nos daba de locura: “seguir haciendo lo mismo, y esperar distintos resultados”. Pero no, no existe tal milagro, solo existe el trabajo de largo plazo y su recompensa.

Ahora pensemos en lo que pasa con la política y nuestro sistema democrático. Cada cuatro años llega un partido nuevo, esta vez si, prometiendo el cambio, prometen que ésta vez no existirá corrupción, que han encontrado la solución mágica para erradicar la violencia y la desnutrición.

Pero invariablemente el resultado siempre es más de lo mismo.

Basta con mirar los diputados que componen esos partidos para ver que son un simple reciclaje de diputados que estuvieron en otros partidos en períodos anteriores y seguirán estándolo bajo nuevas banderas en elecciones futuras.

La solución no pasa por esperar el mesías político que solucione todos los problemas dentro de cuatro años. Los cambios inician hoy, ejerciendo nuestro papel como ciudadanos al exigir nuestro derecho, al involucrarnos en organizaciones sociales, al participar en política, al denunciar, al fiscalizar.

Reconozcamos que no existe solución mágica para los problemas, reconozcamos que los cambios toman tiempo, pero no iniciarán hasta que nosotros mismos decidamos iniciarlos.

Lecturas de viernes #1

A partir de ahora, cada viernes vamos a darles recomendaciones de lectura sobre notas de prensa, artículos, columnas, entre otros que toquen temas interesantes o de coyuntura relacionados a la política del país.

Acá va la primera edición:

  1. Desde afuera, el panorama de Guatemala no pinta tan mal.
  2. Las cifras de desnutrición del gobierno no cuadran.
  3. Ante la agonía de un partido, la solución: cambiar de nombre.
  4. La bipolaridad de la violencia en Guatemala: municipios pacíficos y violentos.
  5. Más datos sobre transfuguismo.
  6. Cayalá y el urbanismo.

 

El Congreso de Guatemala: un año después

Por: Iván Morales (@ivancarrera)

Gracias a los excelentes datos publicados por Plaza Pública, he construido esta fotografía del Congreso de Guatemala, comparando la distribución de bancadas al 14 de enero del 2012, con la conformación actual al 14 de enero del 2013. Justamente un año después.

Congreso 2012

Fuente: TSE (2011)
Fuente: TSE (2011)

…y la situación actual:

Congreso 2013

Fuente: Plaza Pública (2013)
Fuente: Plaza Pública (2013)

¿Que ha sucedido en el transcurso de un año?

En primer lugar, mucho, mucho transfuguismo. Utilizando datos del 2000 en adelante, éste primer año ha marcado una máxima histórica en la cantidad de movimientos dentro del Congreso, con 50 casos de cambio de partido.

Casos de transfuguismo
Casos de transfuguismo

El promedio de casos de transfuguismo para el período 2000-2009 fue de 26.5, sin embargo, la mayoría de casos suele ocurrir durante el primer y el último año de lesgislatura. Aún así, comparando el promedio específico para el primer año de cada legislatura con 34 casos, el número para el 2013 sigue siendo alto.

Ganadores y perdedores

Para este primer año de Congreso, los partidos “ganadores” fueron Todos y LIDER, quienes recibieron 17 y 22 diputados nuevos respectivamente. Los grandes “perdedores” fueron las bancadas de la UCN y la UNE, perdiendo 11 y 29 diputados respectivamente.

¿Cuál es la tendencia a futuro?

Contrario a la creencia de que el Congreso se está fragmentando, una simple comparación visual de la repartición de escaños del Congreso en el 2012 y el 2013 nos muestra una tendencia hacia cierta concentración de los partidos, con dos bancadas fuertes: PP y LIDER y una bancada mediana que jugará un rol clave: Todos.

Esta tendencia se confirma (al menos parcialmente) haciendo un análisis del número efectivo de partidos (una medida para determinar el número partidos que realmente son relevantes políticamente dentro de una legislatura), la cual pasó de 4.75 en el 2012 a 4.59 en el 2013.

Ello nos indica que si bien Todos es un partido bisagra clave, la GANA, UNE y CREO también pueden jugar un papel importante en lograr una mayoría para la aprobación de iniciativas de ley, y por lo tanto se encuentran en una posición importante para extraer concesiones a cambio de apoyo al partido oficial.

En todo caso, esperemos más reacomodo de diputados y nuevas alianzas entre partidos por venir.

Efecto “incumbente” en elecciones municipales (Parte I)

Por: Iván Morales (@ivancarrera)

Como alguna vez lo mencioné en la cuenta de Twitter de @politica_gt, apenas me aprobaran mi tesis de maestría, quería compartirla con ustedes, para difundir mi investigación y obtener retroalimentación. Así que lo prometido es deuda.

¿A qué me refiero por “efecto incumbente”? 
En la literatura de ciencia política (y en el marco de mi trabajo), un incumbente es una persona que ocupa un cargo público como resultado de haber sido votado en elecciones democráticas para ello. Luego el efecto de la incumbencia se refiere a la ventaja electoral que un incumbente tiene en la próxima elección por el solo hecho de ocupar un cargo público.

¿Por qué podría ser una ventaja el ser incumbente? 
Existen muchas razones posibles, por ejemplo, una persona en el poder tiene más cobertura mediática y por lo tanto goza de mayor reconocimiento público. También, el estar en el poder le permite a uno contar con recursos para impulsar obras públicas, brindar servicios, etc. que la gente valora políticamente. Finalmente, el incumbente podría malversar recursos públicos para movilizar a los votantes durante las elecciones a votar por él.

La literatura sobre los efectos de la incumbencia surge a principios de los años 70, principalmente en EE.UU., a partir de la observación de que los incumbentes en la Cámara de Representantes contaban con tasas de reelección muy altas. Ello era visto por algunos como el resultado de una desventaja en la competencia electoral, debido a los recursos y privilegios con los que cuenta alguien que ejerce un cargo público, en detrimento de otros competidores.

La estimación de un efecto incumbente es particularmente aplicable para el caso de las elecciones municipales en Guatemala, ya que de acuerdo a la legislación vigente, el haber sido elegido como alcalde en ocasiones previas, no constituye impedimento para optar a ejercer nuevamente el cargo.

Luego, el objetivo de mi trabajo trabajo se enfoca en responder la siguiente pregunta: ¿Es la incumbencia una ventaja para los políticos? Particularmente, ¿los recursos y privilegios que conllevan el ejercer la posición de alcalde incrementan la probabilidad de que éste sea reelecto si decide participar nuevamente en la próxima elección?

Ok, entonces suena fácil: comparemos los resultados electorales de las incumbentes, con los de otros candidatos para ver si existe una ventaja. ¿Que dicen los datos?

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En general vemos que las tasas de reelección son bastante bajas, en torno al 30%, y los que quedaron en segundo lugar en la elección pasada (candidatos runner-up) tienen posibilidades similares que los incumbentes de ganar la próxima elección.

Lastimosamente no es así de simple.

Una comparación estadística de los resultados electorales de incumbentes y no incumbentes, como la que acabamos de realizar, no dice necesariamente mucho sobre el hecho de que ser incumbente represente una ventaja electoral, es decir, no se puede establecer directamente un efecto causal de que ser incumbente implique una ventaja electoral en la siguiente elección.

Gran parte de la diferencia en las tasas de reelección puede deberse simplemente a un efecto de selección: los incumbentes son por definición aquellos políticos que fueron más exitosos en la elección pasada, ya que son los que fueron más hábiles en captar el voto ciudadano requerido para ser electos. Si lo que los hace más exitosos (por ejemplo, habilidad, carisma, u otras características particulares del individuo) es persistente en el tiempo, se espera que éstos tengan mayores probabilidades de ser reelectos si deciden participar en la siguiente elección.

Luego para resolver este problema y separar el efecto de la incumbencia, de otras posibles características de los candidatos, utilizo lo que en econometría se conoce como una regresión discontinua.

Ésta estrategia aprovecha la forma en que están diseñadas las elecciones municipales, es decir el sistema de mayoría relativa. Luego, en un escenario hipotético de dos candidatos, existe una regla de asignación de la incumbencia que dice que el candidato que obtuvo 50% de los votos + 1, es el ganador de la elección.

Luego, siempre y cuando se cumplan ciertos supuestos, yo puedo comparar los resultados promedio de los candidatos que perdieron por un pequeño margen de votos con los candidatos que ganaron con un pequeño margen de votos y decir que sus características son muy similares y únicamente difieren en una cosa: unos son incumbentes y los otros no.

Para ello tomo datos de todas las elecciones municipales desde 1999 hasta el 2007 y comparo lo que paso con cada uno de los candidatos en la elección siguiente. Particularmente me interesan las elecciones reñidas, donde la diferencia de votos con las que ganó el alcalde fue bastante estrecha.

Con ello, obtengo el siguiente efecto de la incumbencia:

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El eje horizontal representa el margen con el cual los candidatos ganaron o perdieron la elección pasada (t), mientras que el eje vertical representa la proporción de candidatos que ganaron la siguiente elección (t+1), dado el margen de votos que obtuvieron en la elección pasada.

Las observaciones más hacia la izquierda representan a candidatos que perdieron con un mayor margen de votos la elección pasada y como se observa, en promedio su probabilidad de ganar la siguiente elección es muy baja. Al contrario, las observaciones más hacia la derecha representan a candidatos que ganaron la elección pasada con un margen amplio y con ello su probabilidad de ganar la siguiente elección es considerablemente alta.

El efecto de la incumbencia lo podemos ver en el punto de corte centrado en cero. Los puntos a la derecha de ésta son los que ganaron la elección pasada y por lo tanto hoy son incumbentes; mientras que los puntos a la izquierda son los candidatos que perdieron la elección y por lo tanto constituyen el grupo de los no incumbentes.

Como vemos, existe una caída en los puntos justo a la derecha del punto de corte, lo cual nos dice que paradójicamente, lejos de ser una ventaja, la incumbencia es una desventaja electoral.

Particularmente, los resultados de las regresiones encuentran un incumbente tiene en promedio entre 13% y 18% menos de probabilidad que otros candidatos de ser electo en la próxima elección.

Éste resultado es contrastante con la idea inicial de que estar en el poder implica ventajas electorales y difiere de los resultados encontrados para EE.UU. donde los incumbentes tienen una alta tasa de reelección.

En la próxima parte seguiré explorando otros efectos de la incumbencia y particularmente las causas de un signo negativo.