Financiamiento de campaña

Por: Ivan Morales (@ivancarrera)

El día de ayer trascendió que el presidente Otto Pérez Molina viajó en un avión privado (perteneciente a la compañía Multi Inversiones) a la Cumbre de las Américas celebrada en Colombia la semana pasada, desatando con ello críticas en las redes sociales respecto al tema de financiamiento de campaña y los compromisos que un presidente adquiere con los financistas después de recibir esta clase de “favores”.

Fuente: Prensa Libre (2012).

Como ya se conoce, la Ley Electoral de Partidos Políticos requiere de una urgente mejora, para fortalecer las debilidades de nuestro sistema político y sobre todo transparentar el financiamiento de campaña que lleva a situaciones como esta.

Sin embargo, nos enfrentamos a un clásico problema de economía política, en el cual los que tienen el poder para reformar la ley (en este caso los diputados), se benefician del status quo y por lo tanto saldrían perdiendo de una eventual reforma. Por lo tanto no es de esperar en un futuro muy cercano que se apruebe una reforma, a menos que se aplique una seria presión por parte de la opinión pública en torno al tema (situación difícil, dada la tecnicidad de los puntos que deben reformarse).

Entonces, ¿qué alternativas quedan?

Me parece ilustrativo pensar en el problema del financiamiento de campaña (al igual que el de la democracia en general) como uno de agente-principal: En este caso, el principal es el financista y el agente es el candidato. Entonces, como no existe contrato alguno que obligue al candidato a responder a las demandas del principal una vez este fue electo, la relación entre el que paga y el que manda no es tan directa, porque siempre existe un incentivo del agente a actuar en su propio interés y no el del principal.

Muchas veces pensamos en la política como algo blanco-negro: por ejemplo “la oligarquía controla al presidente porque le pagaron la campaña”, sin embargo en la práctica existen muchos tonos de gris entre medio.

Luego, si no existe reforma política, la alternativa pasa por generar mayor competencia en el mercado de financiamiento político. Entre mayor sea el número de fuentes de financiamiento distintas existentes, más difusa se vuelve la dependencia de los políticos respecto a una misma fuente de financiamiento.

Esto está sucediendo en Guatemala, en mayor o menor medida, con el surgimiento del capital “emergente” de provincia que en cierta medida ha brindado un poder a políticos de provincia en el Congreso, que ha sido un contrapeso a los tradicionales intereses capitalinos (tendencia que se ha venido marcando desde la administración pasada).

La idea es que como mencionaba Huntington: el poder político (al igual que la riqueza), no es algo estático, sino que puede generarse, y parte del surgimiento de nuevos sectores de poder viene apoyado por la generación de nuevas fuentes de financiamiento (y por ende de un crecimiento económico que genere más ganadores en la sociedad).

El objetivo final, no es llegar a la democracia, ese es un ideal; la idea es llegar a lo que Dahl denominaba: poliarquía; una democracia donde exista una distribución del poder más equitativa en la sociedad, y se generen contrapesos a la predominancia de un sector sobre el otro.

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