Transfuguismo: patología de una sociedad de rentas

Por: Alejandra Méndez (@alemendez84)

En diferentes ocasiones hemos podido observar el nacimiento, auge y decadencia, hasta la desaparición de una larga lista de partidos políticos que han sido incapaces de desarrollarse institucionalmente y mantenerse a flote. El ejemplo más emblemático es la desaparecida DC, ejemplos más recientes como el PAN, FRG, GANA y UNE. Este último el cual ha perdido más del 80% de las curules obtenidas en las pasadas elecciones debiendo postergar además, su Asamblea General por no reunir el número suficiente de líderes departamentales.

El día de hoy, dos de los tres matutinos más importantes del país han dedicado su editorial para el tema del transfuguismo político. Y es que el tema, a pesar de que se ha discutido y analizado infinidad de ocasiones, es una de las tantas asignaturas pendientes que como comunidad política tenemos que superar. Debemos entender esta patología , como la expresión de una concepción patrimonial del cargo representativo y como una distorsión de la representatividad que en teoría garantiza la democracia.

El fenómeno del transfuguismo no es exclusivo de nuestro país, México, Brasil, Colombia, España y Panamá por mencionar algunos ejemplos, han presentado distintos casos de transfuguismo a lo largo de su historia política. El mismo Winston Churchill (1904) cambió de partido dos veces, cruzando la Cámara de los Comunes de un lado para el otro al no estar de acuerdo con algunos planteamientos económicos ultra conservadores, pasándose al bando liberal. Años después hizo lo mismo regresando al partido Conservador. Hasta la fecha nadie ha puesto el grito en el cielo por eso. Podríamos pensar pues, que la ‘evolución de la mentalidad política’ es válida así como la revisión de las ideas y la mejora en las ‘actitudes públicas’ y más allá de ese proceso moral y de búsqueda de la sabiduría, podría pensarse en la buena voluntad de los legisladores para buscar el bienestar de la sociedad. Sin embargo sería iluso pensar en la idea platónica del filósofo rey, un hombre lleno de virtud, por el contrario la naturaleza humana es ser en principio ‘corruptible’. Y más sencillo aun, el desarrollo de instituciones políticas en Inglaterra nos lleva siglos de ventaja.

Es válido entonces aclarar que el fenómeno en nuestras latitudes posee características propias. Nuestros sistemas políticos tropicales se caracterizan por el caciquismo, clientelismo y transfuguismo político. Tres aspectos que van de la mano y que responden a la naturaleza patrimonial de nuestros Estados y que se explican en el carácter nominal de nuestras repúblicas.

Las séptima legislatura inicia poniendo de manifiesto una vez más la debilidad del sistema de partidos políticos y la vulnerabilidad de las instituciones. Confirma la concepción patrimonial del cargo, es decir, soy dueño de mi curul y hago con el lo que quiero, independientemente que la voluntad de los votantes hayan sido la de elegir una propuesta legislativa diferente. Y aun cuando se busque presupuesto y obras para la región por la cual han sido electos, el tema de la representatividad queda anulado.

En primero lugar, recordemos que la representatividad política significa la actuación del representante en la búsqueda de la satisfacción de los intereses del representado (votante) mediante la elaboración o propuesta de políticas públicas concretas. En Segundo lugar, la representatividad debe entenderse como responsabilidad, tal y como lo apunta Sartori, al referirse al control que hacen los representados en su representante periódicamente en cada elección. De esta forma si el votante no está conforme con el desempeño de sus representantes del partido A puede votar por el partido B ó C.

Por el contrario el transfuguismo elimina ese elemento democrático, imposibilita la sanción al mal desempeño y en consecuencia reduce la representatividad a la búsqueda de la satisfacción de intereses sectoriales, partidistas y sobre todo personales.

Hasta el momento nada nuevo, pues la ausencia de ideologías aunado con la ligereza, las diferencias personales, intrigas, pugnas y la carencia del mínimo de valores éticos morales parecen estar enraizadas en la naturaleza de la partidocracia guatemalteca.

Varios estudiosos de la ciencia política, han analizado de manera profunda las causas del transfuguismo en la ausencia de ideología dentro de los partidos, la inexistencia de elementos que fomenten la identidad partidaria y a su vez la lealtad hacia ideas y principios que los distingan del resto. Así como vicios y carencias dentro de la Ley Electoral y de Partidos Políticos que facilitan y hasta promueven distorsiones de este tipo. Sin embargo quisiera enfocarme en un aspecto importante de manera puntual: los incentivos perversos y la naturaleza de búsqueda de rentas de nuestra sociedad.

El transfuguismo es una consecuencia y no una causa, es el resultado de la existencia de un Estado patrimonial proveedor de rentas. El sector público garantiza un sin fin de prebendas y privilegios de los cuales todos los sectores desean beneficiarse. Es entonces el ambiente ideal para los buscadores de rentas, los cazadores del patrimonio estatal. En consecuencia, los ‘partidos políticos’ se convierten en vehículos de quienes buscan capturar a las instituciones para la consecución de sus propios fines que poco o nada tienen que ver con el beneficio de los electores.

Ante la ausencia de verdaderos cuadros políticos, independientes y de negociaciones limpias y transparentes, las negociaciones políticas se han desvirtuado en la compra de voluntades y de cargos públicos, el intercambio de favores durante la campaña, nepotismo y tráfico de influencias. Los financistas de campaña buscan un interés particular traducido en una ley que favorezca su industria, un contrato millonario, una cuota de poder en la toma de decisiones o sencillamente algún espacio dentro del aparato burocrático.

Mientras no sea transparentado el financiamiento de campaña de los partidos políticos y principalmente el Estado deje de ser el repartidor de obras, proyectos millonarios y demás prebendas y privilegios. Todo esto sin los respectivos canales de fiscalización y de certeza jurídica, los incentivos negativos – perversos- seguirán siendo el mayor atractivo del sector público, y patologías como el transfuguismo político seguirán minando nuestra incipiente democracia.

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Un comentario en “Transfuguismo: patología de una sociedad de rentas

  1. La explicación es simple: No hay un sistema de partidos políticos, solo un montón de sectas pseudopolíticas mamonas que no representan más que a sus Caciques y financistas. Y son los que la gente ingenuamente vota y los deja hacer lo que quieren. El Transfugismo va a acabar cuando acabe la compra/venta de oportunidades en el Gobierno, y este sea representativo de las demandas sociales. Es parte de la política criolla que ni a patadas logramos cambiar porque quién debe darle la patada a los políticos somos nosotros! (@Fer_Ch_o)

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