¿Deberían los politólogos ser políticos?

Por: Iván Morales (@ivancarrera)

Más de alguna vez durante mi carrera universitaria me tocó tener la siguiente conversación al conocer a una persona:

– y usted ¿qué estudia?
yo: “Ciencia Política”
– ahhh, ¿está estudiando para ser político?

Luego debía aclarar que no, que la ciencia política es una carrera académica, que se dedica al análisis de la política, a comprender la distribución del poder en una sociedad, las interacciones entre los agentes políticos y el marco institucional bajo el cual esas interacciones se llevaban a cabo.

Sin embargo, la duda siempre me quedo en la cabeza. Dado que al estudiar la política uno llega a comprender (aunque de manera bastante poco clara debo admitir) el funcionamiento del Estado y a reconocer ciertos actores clave en el proceso político nacional, suena lógico o “natural” dar el salto a la práctica (es decir, ser político).

Ahora lanzo la pregunta abiertamente: ¿dado nuestro conocimiento sobre la política, estaremos mejor capacitados o tendremos una ventaja comparativa respecto a otros para convertirnos en políticos?

Lo pregunto ahora, dado que he percibido entre los jóvenes en Guatemala un renovado espíritu cívico y de creciente involucramiento en asuntos públicos, y específicamente varios estudiantes de ciencia política que esperan en un futuro poder “hacer un cambio”.

A mi parecer, ser político requiere de un conjunto de “soft skills” como habilidad de negociación, liderazgo, comunicación efectiva, capacidad de impulsar consensos, entre otros; Además de un conocimiento general, pero con cierto grado de profundidad, en economía, política, derecho y políticas públicas y sobre todo la capacidad de escuchar argumentos y hacer una síntesis crítica de los distintos puntos de vista en una discusión.

Estos requerimentos no son del todo parte de un pensum estándar de la carrera de ciencia política (quizá especialmente la parte de los “soft skills”), luego ser politólogos per se no nos capacita especialmente para ser buenos políticos.

Ahora, puede darse el caso de personas que cuenten con estas capacidades y decidan estudiar ciencia política, pero ambas no van necesariamente de la mano.

Quizá lo más importante es comprender que la formación de políticos no es un objetivo de la ciencia política, ni debemos pretender que así sea. El objetivo de esta carrera es brindarnos un marco analítico para comprender el funcionamiento de nuestro sistema político.

Además las habilidades requeridas para ser un buen político se adquieren con la experiencia y la práctica y para ello no existe una carrera universitaria.

Transfuguismo: patología de una sociedad de rentas

Por: Alejandra Méndez (@alemendez84)

En diferentes ocasiones hemos podido observar el nacimiento, auge y decadencia, hasta la desaparición de una larga lista de partidos políticos que han sido incapaces de desarrollarse institucionalmente y mantenerse a flote. El ejemplo más emblemático es la desaparecida DC, ejemplos más recientes como el PAN, FRG, GANA y UNE. Este último el cual ha perdido más del 80% de las curules obtenidas en las pasadas elecciones debiendo postergar además, su Asamblea General por no reunir el número suficiente de líderes departamentales.

El día de hoy, dos de los tres matutinos más importantes del país han dedicado su editorial para el tema del transfuguismo político. Y es que el tema, a pesar de que se ha discutido y analizado infinidad de ocasiones, es una de las tantas asignaturas pendientes que como comunidad política tenemos que superar. Debemos entender esta patología , como la expresión de una concepción patrimonial del cargo representativo y como una distorsión de la representatividad que en teoría garantiza la democracia.

El fenómeno del transfuguismo no es exclusivo de nuestro país, México, Brasil, Colombia, España y Panamá por mencionar algunos ejemplos, han presentado distintos casos de transfuguismo a lo largo de su historia política. El mismo Winston Churchill (1904) cambió de partido dos veces, cruzando la Cámara de los Comunes de un lado para el otro al no estar de acuerdo con algunos planteamientos económicos ultra conservadores, pasándose al bando liberal. Años después hizo lo mismo regresando al partido Conservador. Hasta la fecha nadie ha puesto el grito en el cielo por eso. Podríamos pensar pues, que la ‘evolución de la mentalidad política’ es válida así como la revisión de las ideas y la mejora en las ‘actitudes públicas’ y más allá de ese proceso moral y de búsqueda de la sabiduría, podría pensarse en la buena voluntad de los legisladores para buscar el bienestar de la sociedad. Sin embargo sería iluso pensar en la idea platónica del filósofo rey, un hombre lleno de virtud, por el contrario la naturaleza humana es ser en principio ‘corruptible’. Y más sencillo aun, el desarrollo de instituciones políticas en Inglaterra nos lleva siglos de ventaja.

Es válido entonces aclarar que el fenómeno en nuestras latitudes posee características propias. Nuestros sistemas políticos tropicales se caracterizan por el caciquismo, clientelismo y transfuguismo político. Tres aspectos que van de la mano y que responden a la naturaleza patrimonial de nuestros Estados y que se explican en el carácter nominal de nuestras repúblicas.

Las séptima legislatura inicia poniendo de manifiesto una vez más la debilidad del sistema de partidos políticos y la vulnerabilidad de las instituciones. Confirma la concepción patrimonial del cargo, es decir, soy dueño de mi curul y hago con el lo que quiero, independientemente que la voluntad de los votantes hayan sido la de elegir una propuesta legislativa diferente. Y aun cuando se busque presupuesto y obras para la región por la cual han sido electos, el tema de la representatividad queda anulado.

En primero lugar, recordemos que la representatividad política significa la actuación del representante en la búsqueda de la satisfacción de los intereses del representado (votante) mediante la elaboración o propuesta de políticas públicas concretas. En Segundo lugar, la representatividad debe entenderse como responsabilidad, tal y como lo apunta Sartori, al referirse al control que hacen los representados en su representante periódicamente en cada elección. De esta forma si el votante no está conforme con el desempeño de sus representantes del partido A puede votar por el partido B ó C.

Por el contrario el transfuguismo elimina ese elemento democrático, imposibilita la sanción al mal desempeño y en consecuencia reduce la representatividad a la búsqueda de la satisfacción de intereses sectoriales, partidistas y sobre todo personales.

Hasta el momento nada nuevo, pues la ausencia de ideologías aunado con la ligereza, las diferencias personales, intrigas, pugnas y la carencia del mínimo de valores éticos morales parecen estar enraizadas en la naturaleza de la partidocracia guatemalteca.

Varios estudiosos de la ciencia política, han analizado de manera profunda las causas del transfuguismo en la ausencia de ideología dentro de los partidos, la inexistencia de elementos que fomenten la identidad partidaria y a su vez la lealtad hacia ideas y principios que los distingan del resto. Así como vicios y carencias dentro de la Ley Electoral y de Partidos Políticos que facilitan y hasta promueven distorsiones de este tipo. Sin embargo quisiera enfocarme en un aspecto importante de manera puntual: los incentivos perversos y la naturaleza de búsqueda de rentas de nuestra sociedad.

El transfuguismo es una consecuencia y no una causa, es el resultado de la existencia de un Estado patrimonial proveedor de rentas. El sector público garantiza un sin fin de prebendas y privilegios de los cuales todos los sectores desean beneficiarse. Es entonces el ambiente ideal para los buscadores de rentas, los cazadores del patrimonio estatal. En consecuencia, los ‘partidos políticos’ se convierten en vehículos de quienes buscan capturar a las instituciones para la consecución de sus propios fines que poco o nada tienen que ver con el beneficio de los electores.

Ante la ausencia de verdaderos cuadros políticos, independientes y de negociaciones limpias y transparentes, las negociaciones políticas se han desvirtuado en la compra de voluntades y de cargos públicos, el intercambio de favores durante la campaña, nepotismo y tráfico de influencias. Los financistas de campaña buscan un interés particular traducido en una ley que favorezca su industria, un contrato millonario, una cuota de poder en la toma de decisiones o sencillamente algún espacio dentro del aparato burocrático.

Mientras no sea transparentado el financiamiento de campaña de los partidos políticos y principalmente el Estado deje de ser el repartidor de obras, proyectos millonarios y demás prebendas y privilegios. Todo esto sin los respectivos canales de fiscalización y de certeza jurídica, los incentivos negativos – perversos- seguirán siendo el mayor atractivo del sector público, y patologías como el transfuguismo político seguirán minando nuestra incipiente democracia.

Repensando el padrón electoral

Por: Iván Morales (@ivancarrera)

Hace algunos días terminé de leer el libro “Nudge” de los profesores Richard Thaler y Cass Sunstein, en el cual exponen de manera simple algunos de los principales resultados del research en el creciente campo del “behavioral economics”.

Uno de los principales hallazgos sobre el comportamiento de los humanos es que nuestras decisiones están fuertemente afectadas por la inercia, luego a pesar de que hay muchas cosas que decimos querer cambiar (por ejemplo el propósito que realizamos cada año nuevo de hacer más ejercicio el próximo año), cuesta mucho que realmente tomemos las acciones necesarias para realizar el cambio, especialmente si ese cambio está restringido por barreras (que pueden ser monetarias o no monetarias).

Los autores encuentran que muchas veces nuestras acciones se encuentran influenciadas en gran parte por lo que ellos denominan la “arquitectura de decisiones”, la cual determina la forma en que las decisiones que podemos tomar se nos presentan y puede tener a su vez un gran impacto en las decisiones que en última instancia realizamos.

En ese sentido, muchas veces las reglas “default” o predeterminadas, pueden tener un gran efecto sobre nuestras decisiones y constituyen una importante herramienta de política públicas para darnos un empujón hacia mejores decisiones sin restringir nuestra libertad de elección (lo que ellos llaman “paternalismo libertario”).

Pensando en ello vino a mi mente el sistema de padrón electoral en Guatemala y como éste se encuentra diseñado actualmente.

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Comentarios sobre el discurso de investidura

Por: Iván Morales (@ivancarrera)

Por si no lo vieron, pueden encontrar la transcripción del discurso aquí o el video aquí.

Gracias a la transcripción del discurso realizada por Plaza Pública, realicé un “word cloud” del primer discurso presidencial de Otto Perez Molina, donde se destacan las principales palabras utilizadas (y de lo cual pueden deducirse los temas relevantes para su gestión gubernamental).

Ahora, quisiera realizar algunos breves comentarios de mis impresiones:

1. Las principales palabras o temáticas utilizadas: desarrollo, cambio, seguridad, compromiso. Lo cual no debiese sorprender demasiado, ya que todo gobierno recién electo promete ser el “verdadero cambio” del país; sin embargo si es importante la centralidad del concepto de seguridad para este gobierno, ya que gran parte de las promesas de campaña pasan por la reducción de la criminalidad y la violencia, del cual el Partido Patriota se posicionó como experto y el más capaz para resolver, y bajo el cual será juzgado por la ciudadanía según sus logros o fracasos.

2. Creo que por momentos el discurso fue con un tono demasiado de “campaña” y no presidencial como realmente debiese ser.

3. El foro del discurso no era el lugar ni el momento para realizar críticas al gobierno anterior. Gran parte de la audiencia eran integrantes de la comunidad internacional y creo que el discurso hubiese sido mejor aprovechado para dar un mensaje al resto de países sobre los retos y metas del país y la forma en que se piensan superar, y no para ventilar amargas disputas partidarias.

4. Finalmente, yo esperaba del discurso un mensaje sobre una agenda a futuro de país, en la cual el presidente planteara su visión sobre el lugar al que queremos llegar como país tanto en el mediano como en el largo plazo. Quizá el fracaso en lograr esto se refleja en la importancia que tuvo la palabra “hoy” dentro del discurso, en detrimento de planteamientos sobre el mañana.

En fin, raramente un discurso dice mucho sobre las verdaderas intenciones de un gobernante, pero creo que el discurso de investidura es importante en el sentido de plantear una visión de país, la cual en este caso a mi criterio no se logró.

Hoy empieza la séptima gestión gubernamental desde nuestra transición democrática y con ella grandes retos por delante. Existen muy altas expectativas sobre lo que pueda lograr este gobierno y ello es un arma de doble filo: por un lado significa un importante capital político para impulsar reformas necesarias, por otro la capacidad de defraudar a grandes sectores de la población es alta y ello podría inclusive llegar a ser dañino para nuestra tan frágil democracia.

Transfuguismo nuevamente

Por: Iván Morales (@ivancarrera)

Nuevamente, el transfuguismo parlamentario vuelve a ser noticia:

De los 158 diputados de la sexta legislatura del período 2008-2012, que concluye el próximo 14 de enero, 72 cambiaron de bancada, por lo que el transfuguismo alcanzó el 45%.

Este fenómeno ha sido recurrente a lo largo de nuestra historia democrática y se encuentra íntimamente relacionado a la baja esperanza de vida de los partidos políticos en Guatemala.

Lo que me llamó la atención fueron las opiniones de los “expertos” y “analistas” consultados por Siglo 21 en la nota. Todos ellos achacaron el problema a la falta de ideología y representatividad de los partidos y al oportunismo de los políticos, sin embargo considero que con ello no se llega al meollo del asunto.

¿Porqué ocurre el transfuguismo de forma tan repetida y a escala tan grande en Guatemala? Creo que esta pregunta no ha sido del todo respondida por parte de los cientistas sociales y hay aquí una tarea pendiente que nos permitirá contar con fundamentos para proponer reformas a nuestro sistema electoral.

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¿Por qué está disminuyendo la violencia en Guatemala?

Por: Iván Morales (@ivancarrera)

Carlos Mendoza, en el blog de CABI, desde hace algún tiempo ya ha estado dándole un importante y sistemático seguimiento a los indicadores de violencia homicida en Guatemala (utilizando datos de la PNC y el INACIF) y ha encontrado una importante tendencia a la baja por dos años consecutivos (a pesar de que ello contraste con la percepción ciudadana), siendo el 2011 el año menos violento de los últimos siete años (con una tasa de 39 homicidios por c/ 100 mil habitantes).

Fuente: Carlos A. Mendoza, CABI (2011)

Ahora, la gran pregunta para los investigadores sociales es: ¿por qué ocurre esto?

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