Las elecciones y el destino de nuestro país

Por: Álvaro Valle, Autor Invitado 

Este domingo, como se ha vuelto costumbre –o maña- cada cuatro años,  según dicen aquellos que van por Guate, de nuevo los ciudadanos elegiremos  el destino de nuestro país. Y de nuevo se escucha la cada vez más gastada invitación a votar por “el menos pior”.

Fuente: El Economista.

Pero ¿cuál será? ¡Es que son tan parecidos!: ambos con promesas incumplibles, ambos hambrientos de poder, ambos perdidos en la demagogia y ambos con millonarios compromisos que acarrean las millonarias campañas.

Reproche va y reproche viene de los ‘sectores intelectuales’ sobre lo terrible de ambas candidaturas en segunda vuelta. Y es que ciertamente hubo nombres, quizá no tan malos, que no sobrevivieron la contienda en septiembre. Pero lo cierto es que ambos personajes –querrámos o no reconocerlo- no llegaron por casualidad a noviembre,  sino que están ahí simplemente porque los pusimos.

Desde mayo en que se comenzaron a oficializar nombres y campañas una cosa quedaba clara: ninguna de las  opciones que sonaban a posibilidad real, significaría el cambio tan urgente y radical que necesitamos. Radical y urgente, ¡que palabras! ¿Pero es que acaso no son pertinentes estas palabras al ver a los dos candidatos entre los cuales mañana debemos elegir?

A estas alturas lo que debería llamar nuestra atención no es solo lo terrible de las candidaturas sino el perverso sistema que permitimos. Sí, que permitimos, al que alimentamos y en el que existimos. Sistema que permite que sean estos los candidatos los dos entre los cuales hay que elegir mañana.

Lo importante de mañana no es que gana el candidato que obtenga la mayoría de votos; porque mañana –de nuevo- perdemos  todos.

¿Elegimos este domingo el destino de Guatemala? Quizá sí, quizá no. Y es que no son las promesas de seguridad a través de violencia represiva o continuidad de programas asistencialistas las que definan el destino del país.

Hace tiempo vivió un señor que dicen tiene un apellido importante. Es un tal Alexis de Tocqueville,  el que se dio cuenta de algo que hoy puede servirnos recordar. Él lo llamaba el “arte de asociación” y se refiere a las asociaciones libres y voluntarias que para todos nosotros, hombres y mujeres, que podemos ser percibidos como débiles individualmente, significa hacernos fuertes, fuertes cuando nos unimos para poder participar directamente en la vida política de nuestro país.

El destino de nuestro país, y es importante entenderlo, no está en nuestras manos cada cuatro años cuando hacemos fila para marcar una hoja de papel; sino que el destino de Guatemala lo vamos forjando y dirigiendo día a día cuando decidimos participar o no hacerlo; cuando decidimos o no opinar; tolerar o no la corrupción; al involucrarnos o no en todos aquellos procesos que van dando forma a nuestra realidad y construyen nuestra historia.

Denunciando, participando, organizándonos, conociéndonos, discutiendo, proponiendo; actuando, en definitiva, es como cambiaremos el país en el que hoy vivimos por aquel en el que creemos merecer. Mientras no lo hagamos, los gobernantes, los burócratas, los partidos políticos y las organizaciones sociales de este país serán las que nos merecemos.
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