Cien días para Guatemala

Por: Alejandra Méndez

Nos encontramos a poco menos 100 días para el 11 de septiembre, fecha en que los guatemaltecos elegiremos a las autoridades que nos gobernarán por los próximos cuatro años. Vale la pena evaluar, algunas cifras de lo que ha sucedido a partir de 1984 hasta ahora y empezar a esbozar lo que en los próximos cien días leeremos, escucharemos y sobre todo, aspectos sobre los cuales debemos reflexionar antes de ir a votar. Desde el año ochenta y cuatro hemos tenido en teoría seis gobiernos civiles, de distinto signo político, con 67 partidos, de los cuáles solo once tienen representación actual en el congreso. Casi el 70% de los partidos políticos tiene un promedio de 7 años de edad y más de dieciocho de ellos solo han tenido una sola vez representación parlamentaria. Todos estos datos publicados pos Asies en 2010. Estas simples cifras dan una pequeña muestra del poco fortalecimiento institucional de los partidos y reafirma la tradición caudillista en nuestro sistema político. Hasta el momento nada nuevo. Quizás porque la fórmula política sigue siendo la misma a pesar del tiempo y las aparentes lecciones históricas que parecemos no aprender.

La campaña electoral inicio hace más de un año y desde ese momento se pronosticó un año electoral bastante violento y con un bombardeo mediático sin precedentes hacia electorado. Vale la pena poner entonces sobre la mesa las cartas de las variables que sin duda alguna, marcaran esta elección. Primero, es el paradigma de la alternacia. Nuestra historia política reciente post- regímenes militarles, iniciando con el gobierno de Vinicio Cerezo, ningún partido oficial ha obtenido la reelección, por el contrario, en Guatemala ha funcionado la regla de ‘la tercera es la vencida’ y peor aun la tradición del voto en contra o el voto de castigo.

Siguiendo esa lógica, Otto Pérez y el Partido Patriota serían sin duda los vencedores de la contienda. Sin embargo por primera vez, nos encontramos con un gobierno que desde el 14 a las 14 inició su campaña para la reelección a través de la construcción de una maquinaria llamada Cohesión Social, el estandarte con el que la ahora ex Primera Dama se plantea como la Evita chapina, en defensa de los pobres y los más necesitados. Tras ella, lo más lejano a los amigos de Chávez: un capital emergente, los nuevos empresarios que no pertenecen al establishment pero que buscan empezar a formar parte del selecto grupo de beneficiarios de los negocios con el Estado. Aun cuando es dudoso el manejo de los fondos de Cohesión Social. Tan solo entre el 2008 y 2009 los programas sociales han recibido tres mil doscientos treinta y un millones de quetzales en transferencias de los respectivos ministerios. De ese total un mil cuarenta y un millón no se han podido fiscalizar, pues no se indica ningun programa, proyecto en específico a donde vayan dirigidos. Lo que sí es cierto es que es un mecanismo casi perfecto para un buen caudal político, más la obtención de datos de quienes reciben dicha ayuda, pues es un secreto a voces la solicitud de cédula, número de empadronamiento e incluso, la denuncia del requisito de afiliación al partido oficial para poder recibir la bolsa. Por lo tanto, además de llevar la ventaja de ser el partido de gobierno, la UNE posee esa oferta que juega con la necesidad de muchos guatemaltecos. Pero por otro lado, existe una desventaja representar al paritdo oficial: cualquier cosa que diga Sandra o su equipo puede ser usado en su contra pues, el gobierno de ex marido tiene varios ofrecimientos pendientes de cumplir, el más importante: el tema de seguridad.

Segundo, se ha discutido mucho sobre el surgimiento de una tercera fuerza política como una alternativa más que refresque el panorama. Según las encuestas, tal escenario parece no ser tan viable, sin embargo aun faltan cien días y en la medida que los dos partidos más fuertes se desgastan y no surja un debate de altura y propuestas concretas, el gran porcentaje de indecisos pueda buscar otras alternativas que llenen el vacío de expectativas de los electores. Lo que sí se puede asegurar es que quien quiera ganar esta elección debe realizar un gran trabajo tanto en el área urbana como rural, pues tan solo Huehuetenango, Alta Verapaz y Quetzaltenango en conjunto superan más de 2 millones de empadronados. Es poco probable que el voto urbano vuelva a darle la victoria a un partido como sucedió con Alvaro Arzú.

Pero lo que definitivamente marcará el desenlace de esta elección serán los mismos electores. Los ciudadanos de a pie, tenemos nuestra tarea asignada y es exigir planes de gobierno concretos, conocer a los equipos de trabajo que acompañan a cada binomio, a cada alcalde o candidato a diputado y cualquier puesto de elección popular y la transparencia en la procedencia del financiamiento de las campañas políticas. Tener muy presentes los temas clave como lo son sus planes sobre seguridad ciudadana, generación de empleo y desarrollo social, la revisión del manejo presupuestario y la priorización del gasto público entre otros temas. La oferta política responde a la demanda política, lo que quiere decir es que en la medida que tengamos una ciudadanía consciente de su poder de elección las cosas pueden ser diferentes. Necesitamos construir partidos políticos institucionalizados y no como vehículos electorales.  El reto es enorme. Albert Eistein decía, ‘es una locura buscar resultados diferentes haciendo las mismas cosas’’ tenemos una oportunidad este 11 de septiembre, aprovechémosla!

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