Sobre la desnutrición infantil en Guatemala

Por: Iván Morales (@ivancarrera)

Estuve leyendo un interesante artículo en el blog de Diana Herrera sobre los efectos de la inseguridad alimentaria en la niñez y quise aventurarme a escribir sobre un tema en el que me reconozco poco conocedor/experto.

Lo que me llamó la atención del artículo fue el enfoque en los grandes factores estructurales del problema de la desnutrición:

Uno de los factores detonantes, a parte del factor de desigualdad y la exclusión, se debe también a que Guatemala es un país vulnerable al cambio climático, y por consecuente deteriora la accesibilidad y disponibilidad de los alimentos, que ejercen impacto severo en la soberanía alimentaria, la seguridad nutricional, y la calidad de vida de las personas, en situaciones de desventaja social.

La falta de accesibilidad, obliga a la población a consumir sus reservas ante la incertidumbre y altos costos de los alimentos, forzando que la inseguridad alimentaria sea mayor, y esto obliga al encarecimiento de los alimentos básicos como el frijol y maíz, siendo un golpe al gasto familiar en su derecho a la nutrición.

Entendido de ésta forma, el problema se ve como algo casi imposible de superar, digo, la desigualdad, la exclusión social y la inseguridad alimentaria no son problemas que se resuelven de la noche a la mañana.

No obstante, quizá una de las principales lecciones que aprendí del genial libro de E. Duflo y A. Banerjee, “Poor Economics”, es que muchos de los grandes problemas de pobreza y desnutrición en los países en vías de desarrollo muchas veces pueden ser más fáciles de enfrentar si nos enfocamos en los cuellos de botella que no permiten generar cambios, e inclusive a veces pequeñas intervenciones de política pueden tener un impacto muy grande.

Primero, más que pensar que vivimos en un estado de permanente crisis de desnutrición, hay que reconocer que si han existido avances a lo largo del tiempo (me encantaría tener una gráfica más actualizada):

Obviamente hace falta muchísimo por avanzar, pero existen avances sostenidos y deben reconocerse. Respecto a como avanzar, me viene a la mente el caso de Chile, que mediante una serie de políticas que tuvieron continuidad a lo largo de distintos gobiernos e intervenciones focalizadas, lograron prácticamente reducir la prevalencia de la desnutrición en ese país.

Respecto a ideas de puntos críticos por los cuales abordar el problema, siempre me han llamado mucho la atención estas correlaciones (provenientes de éste interesante informe):

Definitivamente la educación de la madre es un factor determinante sobre la correcta alimentación del niño…

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…pero ni siquiera es necesaria una escolaridad formal completa, lo importante es la capacidad de leer, que permite a la madre recibir los mensajes sobre la correcta alimentación de los niños y ponerlos en práctica…

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Por otro lado, la atención médica en el parto y en los primeros meses despues del nacimiento es fundamental para garantizar una buena nutrición en el recién nacido. Por ello siempre he considerado que la ampliación de la red de centros de salud tendría un impacto (más costo/efectivo) mucho mayor que la construcción de nuevos hospitales en centros urbanos.

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Así que ahí están un par de ideas que siempre me han intrigado, y que si bien no son fáciles de cambiar, tampoco son imposibles (o de muchísima complejidad como la desigualdad, la soberanía alimentaria y la exclusión social), y creo podrían tener un importante impacto en reducir los niveles de desnutrición del país.

No se si mi enfoque es demasiado ingénuo, tampoco pretendo descubrir el agua azucarada, simplemente creo que podemos hacer del problema algo mucho más abordable si apuntamos a factores específicos.

¡Que empiece el debate!

Bono 15: No existe tal cosa como “free lunch”

Por: Iván Morales (@ivancarrera)

Uno de los temas de campaña que ha resonado mucho en el electorado, tanto a favor como en contra, es la propuesta de Manuel Baldizón, del partido LIDER, de crear un nuevo “Bono 15″ para los trabajadores.

Lastimosamente Baldizón, como tantos otros políticos, realizan promesas de campaña sin detenerse a analizar los costos de cada política que proponen. Las propuestas de Baldizón merecen un buen análisis, para poner en evidencia los altos y dañinos costos del populismo sobre nuestra economía.

Empecemos por partes:

1. El efecto directo de un decreto o legislación obligando el pago de las empresas del bono 15 a sus trabajadores, sería el de incrementar los costos marginales de cada empresa, sacando a las que pierden su margen de rentabilidad del mercado, con lo cual se produce no solo el cierre de un importante número de empresas, sino un incremento del desempleo.

Lo irónico del caso es que la propuesta del Bono 15 solo beneficiaría a los trabajadores del sector formal, que en Guatemala son una minoría frente a un nivel alto de informalidad. En todo caso, el efecto directo del Bono 15 sería el de generar mayores niveles de informalidad, ya que los nuevos desempleados por la medida tendrían que optar por trabajar en ese mercado.

Adicionalmente, el translado de trabajadores desde el sector formal hacia el informal, implicaría una reducción importante de la recaudación tributaria, en concepto de impuestos sobre el ingreso que se dejan de percibir.

2. Ante éstas críticas, Baldizón argumenta que ello no representaría una carga para las empresas, ya que éstas podrían descontarlo del pago del impuesto ISO (ex-IETAAP). Sin embargo, es bien conocido que dada la débil estructura tributaria, éste impuesto es clave para financiar una gran brecha de los gastos del Estado. Luego, de descontarse estos costos, el déficit fiscal se vería fuertemente agrandado, poniendo aún más en peligro la sostenibilidad fiscal.

En este caso el efecto es indirecto. Por un lado, el incremento del déficit, implicaría que necesariamente los impuestos deberán subirse en el futuro (más que proporcionalmente a la situación inicial), con lo cual los costos de las empresas se verían afectados, sacando a varias del mercado. Por el otro, la grave situación fiscal del país aumentaría el riesgo-país, afectando la tasa de interés a las cuales las empresas contraen deuda, y por lo tanto afectando la rentabilidad de nuevos proyectos, la inversión y por ende el futuro crecimiento de la economía.

Por donde lo veamos, el panorama de implementar las propuestas populistas del Sr. Baldizón no se ve nada bien.

La lección de ésto es que no existe tal cosa como un “free lunch” (almuerzo gratis). Sus propuestas tienen un costo y este eventualmente tendrá que pagarse, afectando el crecimiento de largo plazo del país.

Por todo economista es sabido que la única forma de lograr incrementar los salarios reales de los trabajadores, es mediante aumentos en la productividad, y no por decretos gubernamentales. Lamentablemente parece que al Sr. Baldizón no le importan los números, y si le importan es únicamente en términos de cuantos votos pueda obtener.

Un nuevo modelo de Gestión Municipal

Por: Alejandra Méndez (@alemendezg)

La ciudad de Guatemala con más de 2 millones de habitantes, se ha convertido en la ciudad más poblada de Centro América. Es la segunda más densa en población después de San Salvador. Según datos de la OMS, la mayoría de la población en la ciudad sufre de neurosis, se registran más de mil pacientes con síntomas de neurosis en el Hospital Nacional Mental de Guatemala. Las causas se atribuyen principalmente al estrés del tránsito debido a la gran cantidad de vehículos en circulación, la inseguridad, el hacinamiento y los problemas socioeconómicos.

Dentro del diagnóstico no se puede olvidar el grave problema ambiental de la basura y el uso de los deshechos tóxicos; el acceso y calidad del agua, la falta o mala condición de drenajes y desagües asi como el grave problema de la vivienda.

La ciudad de Guatemala es la más contaminada de Centroamérica y ha superado al 100% los niveles de contaminación auditiva recomendados por la OMS, información denunciada desde el año 2000 por el Diario Prensa Libre. Hasta la fecha no existe una planta de tratamiento de desechos ni reciclaje que funcione de forma eficiente. El basurero se encuentra casi en el centro de la ciudad muy cerca de viviendas y escuelas, sin que exista una política clara para tratar el tema de la basura.

En el tema de la vivienda hay dos situaciones importantes, el primero de ellos es el déficit de vivienda dignas y la falta de planificación urbana. Cerca del 78% de las viviendas en áreas marginales están construidas en zonas de alto riesgo. Por si eso fuera poco el 62% de éstas viviendas están cerca de desagües, aguas negras y basureros clandestinos. con todas las implicaciones de riesgo que tienen, según datos de SEGEPLAN. Tan solo el 52% de los vecinos de estas zonas tiene acceso a agua potable con conexión directa, a luz eléctrica y servicio de recolección de basura. Lo contradictorio de esto es que a todos le son cobrados los servicios básicos municipales aun cuando no los reciben.

Hay que reconocer que en 25 años la ciudad ha cambiado bastante. Sin duda alguna la ciudad de Guatemala es una de las más modernas del istmo, con construcciones modernas, pasos a desnivel, áreas peatonales que han sido rescatadas como jardines, parques, banquetas y barrancos. Además de proyectos como Pasos y Pedales, El Paseo de la Sexta entre otros, con la finalidad de devolver un poco de la magia de antaño . Se han desarrollado importantes políticas públicas de ordenamiento territorial y vial, como lo fue la creación de EMETRA y el Trasmetro. Así como la iniciativa por parte de la comuna capitalina para impulsar el arte, danza y música.

Sin embargo, los esfuerzos de modernización deben de ir de la mano de la evolución de las mismas necesidades de los vecinos y para avanzar a paso firme es necesario finiquitar esos problemas de fondo por incómodos que sean y aun cuando electoralmente no tienen peseo. Me refiero a aquellos problemas que en las áreas marginales son más frecuentes de ver y que son casi invisibles para la mayoría de vecinos.

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